“Ajuste de cuentas”

“Ajuste de cuentas”

Febrero 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

“Las autoridades atribuyen los homicidios en Tuluá a ajustes de cuentas ya que la mayoría de las víctimas registran antecedentes judiciales”. Es, tal cual, un pie de foto en la página web de este diario el pasado 10 de febrero, con relación a lo que denominaba ‘lunes negro’ en esa ciudad del centro del Valle del Cauca.Cuatro personas, en realidad cinco -con un hecho más que sobrevendría pocas horas después-, fueron asesinadas en sus calles en menos de 24 horas. Las víctimas estaban entre 19 y 42 años de edad. No voy a entrar en detalles sobre los casos, lo que me llama la atención es la apropiación por parte de todos nosotros del tal ‘ajuste de cuentas’. ¿Qué significa ‘ajuste de cuentas’, por ejemplo, para el vocero de la autoridad? ¿Solo una retaliación entre delincuentes que no amerita más que el levantamiento del cadáver y el simple registro? Todo indica que así es. Y aún peor es la lectura popular que de esto mismo se hace. Los tristemente célebres “algo debía”, “quién sabe en qué estaba metido”, “si le pasó, es por algo”, son una institución que, en el fondo, termina casi por legitimar la eliminación física de quien anda o anduvo al margen de la ley o, peor aún, se sospecha que tiene relación alguna con el delito.Además, ¿cuáles son los elementos de juicio que le permiten a esa misma autoridad ahí, en el lugar de los hechos, apostarle a una tesis tan atrevida sin tener muchas veces confirmada siquiera la identidad de la víctima? ¿Es la forma en que obraron sus asesinos? ¿Un agudo olfato de perros de presa? ¿Qué?Algún día, ojalá no lejano, la muerte violenta de cualquier ciudadano despertará la atención de todos en este país por ser una excepción. Hoy no lo es. Por eso mismo, porque en una ciudad chica como lo es Tuluá la muerte anda suelta, y luego de que Cali es “la cuarta ciudad más violenta de América Latina”, según el discutible top elaborado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal A.C., vale contar, y mirar con atención pero al mismo tiempo con cuidado, lo que está pasando en Medellín.La capital antiqueña anda por los dos millones 417 mil habitantes. Bien, durante 110 horas, transcurridas entre el pasado domingo 9 de febrero y más del mediodía del jueves 13, no se presentó una sola muerte violenta. Pero hay más, en lo que va corrido de este año, son ya ocho los días en blanco por homicidio. Si a eso le agregamos que en 2013 hubo un descenso del 24% en ese indicador, digamos que ahí hay una buena noticia.Solo que, como se sabe, la lectura de ese mismo hecho no es igual por parte de todos. Mientras que para las autoridades el descenso es fruto del trabajo conjunto entre Policía y Administración, el aumento de cuadrantes (pasaron de 121 a 189, y se piensa llegar a 500), un compromiso del Gobierno Nacional (dos mil policías más), y campañas por el respeto a la vida, las ONG y el ‘run run’ en la calle dicen que no es cierta tanta belleza.“Eso es, más que nada, el resultado del pacto del fusil”, me dice un colega; pacto entre ‘Urabeños’ y la llamada ‘Oficina’. ¿Es de tales proporciones el poder del hampa en Colombia que maneja a su antojo la curva del valor de la vida de todos? ¿No habrá, acaso, un cambio hacia una sociedad más pacífica?Eso sí, si algo he podido ver durante unos días en esta ciudad es que pareciera crecer el interés por investigar. Y eso es precisamente lo contrario a salir del paso con el malhadado “ajuste de cuentas” al que nos acostumbramos. Sobrero: Hasta siempre Pacheco, el inmortal Maestro, el amigo, el taurino y el santafereño. ¡Para qué más!

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