Agenda papal

Abril 13, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Si algo está claro es que el papa Francisco no traga entero. Por eso, pueden resultar fallidos los intentos de encauzar su visita del próximo año a Colombia a favor de intereses de uno u otro extremo de esta pavorosa polarización que vive el país. Sí, pavorosa. ¿Cuándo nos daremos cuenta del riesgo? ¿Solo cuando sea demasiado tarde?Pero estábamos en el Papa, ¿a dónde debería ir su santidad para no caer en la posibilidad de que lo engatusen y terminen por convencerle de servir a uno de esos dos extremos y no a la paz, la razón natural de su visita al país? Si me permiten propongo una agenda. Que comienza, cómo no, con su llegada a El Dorado, en donde, Dios mediante, ojalá se libre de caer en manos del taxista aquel que le cobró 400 mil pesos a un par de canadienses por una carrera que en realidad valía 30 mil. Luego, a dejarlo descansar. Nada de comisiones del Gobierno, del Congreso de la República o de nuestros expresidentes, y menos de la rama judicial. O de prestantes damas de la sociedad bogotana, acompañadas de delegaciones de otras ciudades donde también haya damas prestantes.Enseguida, el Papa debería ir a Bojayá. A hablar con las víctimas de ese horroroso hecho que demuestra hasta dónde ha llegado la barbarie. Sería bueno que allí también estén los victimarios de las Farc, si es que para entonces el proceso de paz de La Habana ha concluido bien, como muchos colombianos deseamos. Sería un gesto de perdón y de reconciliación.Propongo que de ahí, Francisco coja camino a El Aro, uno de esos tantos sitios donde los paramilitares sembraron de muerte y desolación este país. No sé quién pondría la cara del lado de los verdugos. Podría ser un ‘monoleche’ de tantos aquellos que, fusil y motosierra en mano, martirizaron a millares de campesinos inermes con el visto bueno de una sociedad que miró para otro lado. El interlocutor podría ser también un financiador de los ‘paras’, esa causa vista entonces por algunos, y aún hoy, como “patriótica”. Sería un acto de contrición.Y luego, a Soacha o Norte de Santander, para que el pontífice escuche el clamor de las madres que vieron cómo sus hijos se convertían en ‘falsos positivos’. Allí también alguno de los mandos que patrocinó ese capítulo de la vergüenza nacional podría contarle al papa qué se está haciendo para reparar en algo lo que no tiene reparación. Sería auténtica verdad. Todo eso serviría para desmarcar la visita de propósitos partidistas y ponerla en el exclusivo terreno de la paz. No estoy en desacuerdo con que vaya a Chiquinquirá, al Cerro de las Tres Cruces o a donde los jesuitas quieran tenerlo. Tampoco me opongo a que lo lleven a la ciudad amurallada en Cartagena de Indias, a los acordes de los niños vallenatos, siempre y cuando no le toque comprar cocadas de esas de seis mil pesos la unidad y promoción de dos por diez mil. O que almuerce en Harry Sasson en Bogotá, eso sí sin que le muestren los precios de la carta. O que venga a Cali y lo lleven al zoológico, mientras afuera una turba de animalistas lo amenaza con denunciarlo ante Peta. O que lo monten en el metro de Medellín y le muestren el edificio inteligente. Sin que le digan que el riesgo es que te quieras quedar. Para nada me opongo a esa gira de colores y sabores. Pero sí le hacen ese tour, que le muestren también Chambacú, el Bronx bogotano, Potrero Grande y una de las Comunas de la montaña. Verá entonces que nos dice aparte de lo mucho que nos ama. Sobrero: Ahora que los presidentes Barack Obama y Raúl Castro han puesto la primera piedra para esa forma de paz que resulta ser la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, ¡qué pequeños se ven los guerreristas!, qué pequeños se ven…

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