6 puntos, 9 muertos

Junio 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Dos victorias consecutivas por primera vez en un Mundial. Cinco goles a favor y apenas uno en contra. Uno de los tres primeros equipos clasificados a la ronda siguiente de Brasil 2014, cuando apenas se cumplen dos tercios de la fase de grupos. Y un equipo para el que los expertos pronostican cosas aún mejores.Nueve muertos. Siete en Bogotá, luego del primer partido contra Grecia, y dos más tras la victoria ante Costa de Marfil. Centenares de heridos y miles de riñas en todo el país que desbordan cualquier capacidad de reacción de las autoridades. Millonarias pérdidas por destrozos a la propiedad privada y al bien público, principalmente al transporte masivo.Dos balances al final del mismo camino. Un orgullo inmenso, por un lado. Una vergüenza, por el otro. ¿Cómo es que transformamos una fiesta inolvidable como esta en una tragedia y ni siquiera las lecciones de un día nos llevan a recapacitar en la fecha siguiente? Pero eso no es todo, ¿Qué nos espera, no solo para este martes, cuando la Selección juega contra Japón, sino a la hora del partido de octavos de final, que, todo apunta, será el fin de semana venidero?¿Apocalíptico? Quien lo vive aquí sabe que no hay exageración. Y es que solo dándole una verdadera dimensión a lo que nos pasa podemos buscar al menos una explicación, porque no veo soluciones, y menos a tan corto plazo. O sí, la que uno no quiere: que a la Selección la eliminen pronto con la consecuencia inmediata de que desaparecerán en minutos las caravanas que bañan en harina y espuma a todo el que se ponga por delante, aperitivo de riñas y tiros al aire (sucedió en Cali el jueves pasado), que terminan en el hospital o en la morgue. Eso sin contar las agresiones de todo lo que encarne autoridad, desde policías hasta bomberos.Y no hay solución inmediata porque este es un problema viejo. Cuando el 5 de septiembre del 93 se le ganó a la Argentina en Buenos Aires por el peor resultado en la historia del fútbol colombiano (aquel cinco a cero, ese maldito espejismo) hubo, según archivos de prensa, 82 muertos en el país por otra ‘celebración’. Muchos de los jóvenes que entonces se lanzaron a las calles, primero, para festejar y, luego, para poner en riesgo su vida y la de los demás, hoy son padres de familia, incluso abuelos, y estarán escandalizados de ver a sus hijos, y nietos, hacer lo mismo que ellos hicieron. Es decir, en 20 años largos no hemos cambiado. Pero si uno le pregunta ahora a un niño si le gustaría ‘celebrar’ al estilo de lo que ve en la tele, contestaría que sí (mejor no hagan el ejercicio). Entonces hablamos de tres generaciones. ¡Nos espera medio siglo de esta vaina! ¿Queda alguna duda de que el asunto, otra vez, es de educación?Claro está, aquí hay un motor: el alcohol. ¿Por qué no pasa lo mismo cuando ganan Nairo Quintana, Mariana Pajón o Caterine Ibargüen? No es porque a la gente no le guste el ciclismo o el atletismo, sino porque se volvió costumbre emborracharse por cuenta de la Selección y luego, en patota, sacar lo peor. El anonimato es el paraíso del canalla.¿Por qué en cambio cuando nos eliminan, nos guardamos? Respuesta: porque somos perdedores. Sí, aunque duela, casi siempre nos ha tocado perder. Por eso mismo nos cuesta tanto administrar la victoria. Ese es un detonante, al que la mecha de la rasca pone a disparar contra todo lo que se mueva.¿Un consejo? Viva el partido en la casa o en la oficina. Evite la calle. Algún día aprenderemos. No será para el Mundial de Qatar (o donde lo hagan) en el 2022, pero a lo mejor comencemos a madurar en 2026. ¡Vamos Colombia!

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