Valiente

Valiente

Abril 24, 2017 - 11:55 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

El padre de Lilian Tintori, un italiano que emigró a Buenos Aires, llegó a Venezuela huyendo de la dictadura de José Rafael Videla. Esa que dejó oficialmente más de ocho mil desaparecidos en Argentina, pero -se estima- unos treinta mil realmente.

En Venezuela tuvo seis hijos, incluida la monita, bajita, delgada, de trenzas que se ha convertido el rostro más visible de la opresión que vive Venezuela. Deportista consumada, Tintori fue campeona nacional de kite surf, deporte de mar y viento con el que voló sesenta kilómetros sobre el mar Caribe en homenaje a su padre ya fallecido. Fue presentadora y locutora de radio y se hizo famosa en su país por participar en un reality de supervivencia al estilo de ‘El Desafío’. Es chiquita y hasta ternura inspira. La entrevisté hace unos años en la Cumbre de las Américas, en Panamá, y de pronto me encontré con una mujer enorme, que mide cada una de sus palabras, que no le tiembla la voz para criticar a Nicolás Maduro, que no demuestra miedo, que guarda silencio un par de segundos cuando habla de sus hijos pequeños, respira, retoma e insiste: por ellos se ha vuelto casi de hierro.

A Lilian Tintori la critican algunos que la tildan de oportunista, dramática, exagerada. Como si fueran exagerados sus gritos -aún los silenciosos-, sus marchas, sus reuniones con líderes del mundo entero, su llamado constante por la libertad del amor de su vida. Leopoldo López, con quien contrajo matrimonio en el 2006, está condenado a 14 años de prisión y es la imagen más contundente de la tragedia venezolana. Tiene procesos por daño e incendio en grado de determinador, instigación y asociación para delinquir.

Ella lo visita y denuncia el aislamiento en que lo tienen, lo poco que ve el sol, lo nada que le limpian la celda, lo duras que son sus noches bullosas para que no pueda dormir, lo insoportable que son las entradas de ella a la cárcel -cuando la dejan entrar- las veces que le quitan la ropa, las humillaciones a la que la someten. Todo eso el mundo lo sabe. Y ella aguanta. “Me casé con Leopoldo pero también con Venezuela”, me dijo aquél día en Panamá. Y no se cansa. Y si se cansa, se recupera. Es de esas mujeres hechas de maternidad, amor y tenacidad. Tiene claro que para ser la primera Dama de esa nueva Venezuela con la que sueña su aguerrido esposo, tiene que mantenerse como hasta ahora: inquebrantable. Aunque se quiebre todos los días cuando llega a su cama. Valiente Lilian. Valiente como las mujeres que saben amar.

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