Un café

Un café

Marzo 26, 2018 - 11:45 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

Mientras el uribismo ya organiza su gabinete y Petro insiste ante la comunidad internacional en que no hay garantías para su ejercicio político, De la Calle y Fajardo por fin se tomaron un café.¿Llegó tarde la cafeína a la alianza? Todavía es una incógnita. Aún con la resaca de las elecciones al Congreso del 11 de marzo, y de las últimas encuestas en las que siguen descabezados para la segunda vuelta -muy a pesar del tremendo arrastre del exalcalde Antanas Mockus a la Alianza Verde-, estos dos políticos que encarnan el centro finalmente empezaron a conversar en serio sobre las posibilidades de una tercería en medio de una contienda polarizada. ¿Será posible que pongan sus egos en la mesita de noche y piensen en Colombia más allá de personalismos? Veremos. Por ahora, en todo caso, con sus candidaturas estancadas, resulta difícil que los esperanzados en esa unión se hagan ilusiones. Las matemáticas son así son de duras.

De la Calle, sensato y mesurado, se ha mostrado conciliador y abierto a una eventual alianza con Fajardo. O, por lo menos, esa es la imagen que transmite en sus declaraciones y entrevistas amén de las maniobras legales que tendría que hacer el Partido Liberal para lograr esa alianza. De la Calle transmite esa sensación de estar por encima del bien y del mal. En contraste, Fajardo se ve distante y parado en un pedestal que evidentemente tambalea, dejando la sensación de que seguirá solo hasta el final, empecinado en que su proyecto no necesita de maquinarias ni partidos tradicionales, aunque se queme y, en el incendio, chamusque las esperanzas de millones de colombianos que están cansados de este país roto por la mitad.

Faltan dos meses aún para la primera vuelta presidencial. Las encuestas ya dan a Iván Duque como seguro triunfador con posibilidades, incluso, de ganar en la primera vuelta. Pero 63 días en política son una eternidad si el ajedrez del poder se mueve -como suele hacerlo-. A De la Calle pareciera que las pilas no se le acabaran. En un país con menos hinchas y más electores, un hombre que desarmó a casi 8.000 guerrilleros tras un proceso de paz -y que los tiene haciendo política y no ‘papas-bomba’- tendría chance de llegar a la Casa de Nariño. Pero lo nuestro son las orillas y el sonambulismo entre los extremismos.

Así las cosas, el café de Humberto de la Calle y Sergio Fajardo parece todavía muy tibio. A menos de que logren -nadie sabe muy bien cómo- volver a inspirar al electorado, como en los tiempos de la Ola Verde del año 2010 (aunque aquella ola, como se sabe, terminó rompiéndose contra los 9 millones de votos de Juan Manuel Santos). La política consiste en inspirar, fascinar, motivar, contagiar, llenar plazas, no a punta de empanadas y tamales, sino de ciudadanos que ansían un líder que los saque de una buena vez de los tumbos de la historia. Hubo un efímero momento, hace dos semanas, en el que Fajardo y De la Calle tuvieron ese instante para atraer al electorado huérfano que reclama el centro, pero lo dejaron escapar. Ahora todos hablamos de Iván Duque. De su trepada en las encuestas y, sobre todo, de si desde el Palacio de Nariño gobernará el candidato y no el expresidente.

Pero, volvamos al centro. Todavía todo puede pasar. Que De la Calle y Fajardo salgan de la tibieza en la que han sumido su posible alianza y la materialicen más allá de un café descafeinado; que Vargas Lleras se sume a Duque o que su maquinaria despierte de la somnolencia y arrecie una campaña que lo lleve a segunda vuelta con el uribismo. ¿Podrá lograrlo? ¿Le alcanzará el tiempo? ¿La tercería del centro logrará cuajar una alianza que entusiasme? ¿Y el voto de opinión qué? ¿Y el de las maquinarias qué tanto influirá? Todos empiezan a acomodarse en el tablero del poder y la política en Colombia siempre será dinámica. Por ahora, el interrogante se concentra en lo siguiente: ¿qué tanto café necesitan dos iguales para empujarse mutuamente?

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