Sin aliento

Sin aliento

Diciembre 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

Nelly tiene 26 años y Juvencio 30. Llegaron a Bogotá hace cuatro años desde el Cauca donde sembraban verduras en medio de la pobreza y la violencia. Entonces buscaron oportunidades en la capital y cuando se organizaron, se llevaron a su hija Yuliana. Se instalaron en un barrio de invasión: Bosque Calderón, donde a la pobreza y la riqueza las separa una avenida.Yuliana estudiaba primero de primaria y pasaba las tardes jugando mientras su padre trabajaba en construcción y su madre -embarazada de cinco meses- se repartía los quehaceres domésticos con otras habitantes de la casa, un lugar limpio pero infinitamente pobre. Para llegar hay que meterse en calles destapadas, subir una montaña y preguntarse cómo la miseria y la riqueza pueden compartir casi las mismas cuadras en una ciudad.En la mañana del domingo, Yuliana jugaba en la calle con su hermanita de 3 años y un primito de 7 -como ella- cuando llegó un carro grande, plateado, y un hombre la metió a la fuerza. El primito gritó desesperado. El papá bajó corriendo. Se habían llevado a la niña.Vecinos y familia llamaron a la Policía. Se activó un operativo en el que gracias a una cámara dieron con las placas del carro que estaba a nombre de una mujer quien explicó que lo había vendido a su cuñado. Lo buscaron y apareció cuando su hermano, ya contactado por la Policía, contó que estaba en una clínica por sobredosis de cocaína y alcohol.Lo que pasó entre las 9:00 a.m. -cuando raptaron a Yuliana- y las 9:00 p.m. cuando encontraron a Rafael Uribe Noguera, el principal sospechoso, es motivo de investigación. Pero en esas horas la Policía encontró el cuerpo de la niña en el cuarto de motores de un jacuzzi, en un apartamento desocupado de estrato 6 en el norte de Bogotá. En el mismo apartamento encontraron un cuarto lleno de aceite de cocina. La niña tenía puesta una falda remangada y su cuerpo violentado estaba untado de aceite. El informe de Medicina Legal dice que la niña murió asfixiada.Del hombre se sabe que es hijo de un exdecano de Arquitectura de la Universidad Javeriana. Su hermano es abogado. Se graduó del Gimnasio Moderno, uno de los mejores colegios del país. Los amigos dicen que ha sido mujeriego, pero no aceptan que haya sido capaz de hacer lo que las autoridades creen que hizo. Es sospechoso de haber violado, torturado y matado a Yuliana, y según testimonios ya había ido a la zona al menos dos veces y había tratado de ganarse a la niña con unos pesos. Investigan si es la única víctima y si merodeaba convencido de que como eran tan pobres no se sabría lo que hacía. La mamá de Yuliana fue hospitalizada. El papá llora y me dice que lo ayuden, que no sea sólo por hoy el respaldo. Colombia es como una película de terror en la que cada noticia nos arranca un pedazo de corazón. Pero en este caso, más allá de nuestro dolor como sociedad, está en juego la sensatez y voluntad de una familia poderosa para dejar que investigadores y jueces, con independencia, den a su hijo el castigo que merece. Y estamos frente a una historia que nos recuerda que lo importante en la vida, es la familia, cuidar a los hijos y enseñarles a ser, ante todo, buenas personas.

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