¿Qué sociedad somos?

¿Qué sociedad somos?

Mayo 08, 2017 - 11:55 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

Que un país a estas alturas de la civilización esté debatiendo si convocar o no a un referendo para frenar la adopción en parejas del mismo sexo y en madres y padres solteros, no habla mal ni siquiera de la Senadora que lo está llevando a cabo, sino del país entero. Y del partido de la Senadora, que se llama ‘Liberal’ y está demostrando que sus principios liberales son, por lo menos cuestionables.

La senadora Vivianne Morales, en una terquedad inaudita, se obsesionó con el referendo y bajo el calificativo de hogares óptimos está a punto de tirarle la puerta en la cara a miles de niños colombianos que esperan a alguien que los saque de la soledad.

Se le olvida a la Senadora que en lo que ella llama “hogares óptimos” también se abusa de los niños. Según Medicina Legal, el año pasado se registraron 7.872 casos de violencia sexual contra menores de edad cometidos por familiares de los niños víctimas. Es decir, el 44% de los abusos sexuales contra menores fueron hechos por familiares. Y en lo que va de este año, de 4.315 casos de abusos similares registrados, 1.860 han sido cometidos también por familiares.

La sociedad colombiana demuestra cada día que lo óptimo no existe en nuestro país tan desgarrador de noticias escabrosas; de Yulianas, Saritas y otros niños violados; de madrinas y padrinos presos, de hermanastros abusadores.

Lo conté en esta misma columna el año pasado cuando, honestamente, pensé que el referendo no avanzaría: he sido testigo de cómo a mi gran amiga Lucía le cambió su vida cuando decidió ser madre soltera y adoptar a Valentina. Y ahora no puedo dejar de pensar en cuántas Valentinas podría haber en Colombia sin la posibilidad de que una Lucía las adopte.

A la senadora Morales se le olvida, además, algo elemental: los derechos de las minorías no se pueden llevar a las urnas para ser aplastados. Bajo ese principio, si la historia lo hubiera permitido, las mujeres jamás habríamos votado, la esclavitud no habría terminado, los homosexuales seguirían encerrados.

Con la obsesión del referendo ha pasado algo positivo: ha salido al descubierto un país sin corazón en el que una parlamentaria influyente es capaz de mover pasiones discriminatorias invitando al ayuno y la oración.

Estamos a pocas horas de la votación y aún hay Representantes que dicen no saber cómo votarán, cuando la respuesta a una decisión de ése tamaño está en lo que somos, en la educación que recibimos, en la infancia que tuvimos, en los amigos que tenemos, en los niños que sabemos sin hogar, en los hijos que pudimos tener y, sobretodo, en el tipo de sociedad que queremos construir.

¿O es que la politiquería alcanza hasta para mover descaradamente los principios? ¿O es que la nuestra es, de verdad, en serio e irremediablemente una sociedad sin principios?

VER COMENTARIOS
Columnistas