Pence

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Agosto 14, 2017 - 11:45 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

Vino Mike Pence a Colombia. La primera visita de un funcionario de alto nivel de la administración Trump a América Latina comenzó en Cartagena, donde Santos y Pence, Presidente y Vicepresidente, reiteraron lo que por décadas hemos oído: que Colombia y Estados Unidos son aliados estratégicos, que se acompañaron en la guerra y que lo hacen ahora en tiempos de paz.

Y llegó el Vicepresidente a una región convulsionada por la caótica situación de Venezuela. Aunque su viaje a Colombia estaba planeado desde mayo cuando Santos visitó a Trump en Washington, coincide con el momento en que Nicolás Maduro se descaró, reemplazó arbitrariamente a la Fiscal General y llevó a cabo una Asamblea Constituyente para legitimar sus poderes dictatoriales. Como si los dictadores necesitaran legitimidad.

Si bien el Vicepresidente suavizó las incendiarias declaraciones de Trump quien aseguró a finales de la semana pasada que contemplaba una opción militar en Venezuela, es parte de la Casa Blanca y tampoco es que pueda desmentir a su jefe. Pero al cierre de su visita habló de opciones “políticas y económicas” para contrarrestar la crisis en el país vecino. ¡Qué alivio!

Aunque hay voces desde la herida Venezuela e incluso desde el ala más radical de la derecha colombiana pidiendo tal intervención, no hace falta ser experto en política internacional para comprender que el poderío militar estadounidense sobre Venezuela solamente traería más caos. La amenaza ya le hizo un gran favor a Maduro: le dio aquella herramienta que necesitaba para poner a su país a hablar de algo distinto a su incompetente Gobierno. Y le revivió con creces los argumentos para criticar al “imperio yanqui”. Menos mal no hubo visita de Pence a Cúcuta como se llegó a pensar. ¿Se imaginan lo feliz que se habría puesto Maduro con semejante provocación en la puerta de su casa?

El Vicepresidente sigue para Argentina, Chile y Panamá. Reiterando la preocupación de Washington y repitiendo que no permitirán el quiebre de la democracia en Venezuela. Pero no han dicho si seguirán comprándole petróleo, tan indispensable para la financiación del régimen de Maduro.

Entretanto Santos -Premio Nobel de Paz-, ha sido contundente en rechazar intervención militar alguna. Trump necesita al Pentágono para hacerla y algo de apoyo político en su patria. Venezuela no es el autodenominado Estado Islámico ni Al Qaeda, así que el peso militar estadounidense sobre Caracas parece absurdo desde la óptica de la sensatez, pero la Casa Blanca desde el 20 de enero ha demostrado ser todo, menos predecible.

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