Oportunidad perdida

Julio 03, 2017 - 11:45 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

Cali acaba de perder una gran oportunidad para enterar al mundo de las maravillas que ofrece nuestra ciudad, porque el cubrimiento de la Cumbre de la Alianza del Pacífico terminó siendo una odisea para la prensa.

Había políticos de países tan distantes como Nueva Zelanda y Singapur y, por consiguiente, reporteros queriendo contar en esos lugares lo que ocurría a este lado del mundo donde, por cierto, se acaba de desarmar la última guerrilla del continente, la más vieja. Y eso hace de Colombia un lugar periodísticamente muy atractivo. Lograr un acuerdo de paz, con la entrega avalada por la ONU de 7132 armas, es un mérito irrefutable en cualquier lugar del planeta. Aquí como llevamos tantos años entre la paz y la guerra y la paz y la controversia, nos parece cosa de poca monta. Pero allá afuera, en un mundo tan conflictivo y despiadado, la consolidación de un proceso de paz -el que sea, donde sea- es inspirador y refrescante.

Los reporteros extranjeros cubriendo la Cumbre querían saber del proceso, hablar con locales, acercarse a los gabinetes de Peña Nieto, Kuczynski, Bachelet y Santos y, bueno, hacer periodismo que es lo que uno va a hacer a las cumbres políticas. Pero no, en lugar de permitir algún acercamiento con los protagonistas, a los periodistas nos encerraron en una sala de prensa por allá bien lejos de donde ocurrían las intervenciones. Y, eso sí, nos enviaban comunicados e imágenes oficiales. Como si fuéramos voceros y no periodistas.

He cubierto tantas cumbres similares como ya no puedo enumerarlas. Y en todas he tenido la posibilidad de buscar noticias, entrevistas, reacciones, lo que los periodistas hacemos. En la Asamblea General de la ONU en Nueva York, por ejemplo, a donde llegan 150 o más mandatarios cada año, a los periodistas nos permiten ubicarnos en el camino que recorren esos mandatarios y ellos deciden si se nos acercan o no mientras hacemos maromas para atraerlos a nuestros micrófonos.
Así funciona ese matrimonio indisoluble de la prensa y la política: uno llama y ellos deciden si vienen o no. Pero los organizadores de la Cumbre de la Alianza del Pacífico olvidaron que a los políticos les gusta la prensa, la necesitan, la buscan. Meter a los periodistas en una sala-corral, limitados a los pocos personajes que nos llevan a la sala de prensa y a los comunicados oficiales no sólo es una falta de respeto con el oficio sino una torpeza inaudita. Lástima. La de la semana pasada terminó siendo una oportunidad perdida para la ciudad y para el Gobierno Nacional.

Por un momento, mientras conversaba con un colega extranjero, pensé que las comunicaciones de la cumbre estaban organizadas por estrategas del Centro Democrático.

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