Indignante

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Febrero 14, 2017 - 10:15 a.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

Los hijos de Yaneth tienen 17 y 20 años. Llevan una vida normal, pero tienen un pasado triste: La noche del 18 de julio del 2009 los niños no llegaron a casa. Yaneth comenzó a desesperarse pero el papá de los niños le insistió en que estaban bien y le dijo que iban a dormir en la parroquia del lado de su casa. Al amanecer, Yaneth le pidió a su hermano que fuera a buscarlos. El padre William de Jesús Mazo Pérez tenía entonces fama de ser muy especial. A los niños les regalaba juguetes, a las familias, mercados. “Se hizo querer de toda la comunidad”, me cuenta ella. Los niños estudiaban con el sacerdote y era lo que muchos religiosos son, la imagen de autoridad, respeto y ejemplo.

Cuando sus hijos llegaron, Yaneth estaba inquieta. Les preguntó qué había pasado. No decían nada. Peleaban entre ellos, se acusaban. Hasta que el menor habló. Acostada a su lado, Yaneth logró que su hijo le contara lo que no ninguna madre quisiera escuchar. El padre Mazo les pidió que se desnudaran, los hizo bañar, los puso en fila junto a otros dos niños y les pidió que le practicaran sexo oral. El de nueve años, lloraba mucho, me dice. Al día siguiente el mayor le contó más detalles del episodio y le dijo que no era la primera vez que el sacerdote hacía algo así.

Yaneth se acercó a otras madres que pasaban por lo mismo. Buscaron respaldo en la Arquidiócesis de Cali pero no lo encontraron. Una de ella contó que monseñor Juan Francisco Sarasti, entonces obispo de Cali, envió al obispo auxiliar José Falla a investigar la parroquia del padre Mazo y que su conclusión fue que nada estaba pasando allí. Pero sí pasó. Yaneth y otras madres lograron que la justicia funcionara: el 2 de marzo del 2010 el cura fue condenado a 33 años de cárcel por abusar de sus hijos, e inhabilitado por 20 años para ejercer funciones públicas.

Desde entonces la Arquidiócesis de Cali ha tratado de reversar la decisión Judicial. Los niños han ganado. En las últimas horas la polémica creció tras las declaraciones de Walter Collazos, abogado de la Arquidiócesis, quien aseguró que ésta no tiene responsabilidad porque los abusos no sucedieron en “horarios institucionales”. Mejor dicho: como todo sucedió en la noche, cuando el cura se había quitado la sotana, la Iglesia Católica no tiene la culpa. Y dijo que los padres de los menores tienen su cuota de responsabilidad por no cuidar lo suficiente a sus hijos. ¡Faltaba más!

Yaneth y las otras madres reclaman de la Arquidiócesis una indemnización económica por los daños a sus familias y quieren que quienes tanto las han ofendido se disculpen con ellas. Enviaron una comunicación al Papa Francisco pidiéndole que interceda por ellas y sus hijos. La inocencia de sus pequeños no se las va a devolver nadie, ni el Papa. Los niños -hombres ya- lograron dejar atrás el episodio pero su pasado es una herida abierta por donde se desangra el honor de la Iglesia Católica en Cali.

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