El espejo está al lado

El espejo está al lado

Julio 31, 2017 - 11:45 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

Mi amigo Octavio tiene 38 años. Llegó hace dos a Colombia cuando la situación en su Venezuela natal se volvió insoportable. “Nuestro barrio, El Paraíso, que era muy lindo, se volvió inseguro. Yo no podía salir de la casa”, me cuenta enternecido.

Cerca de su casa construyeron en los últimos años por lo menos diez edificios de Misiones Vivienda, el proyecto político del chavismo para dar casa a los menos favorecidos. El lugar se volvió un bastión del Gobierno donde miles de personas esperaban sentadas los subsidios. Cuando el valor del petróleo hizo de las suyas en la economía venezolana y se acabaron los regalos, la vida pasó del paraíso al infierno.

Hace dos años, Octavio y su familia decidieron irse. Él trabajaba como periodista deportivo en los otrora poderosos Unión Radio y Venevisión. Se vino a vivir a Colombia. Su madre y su padrastro huyeron a Panamá. Uno de los hermanos, fisioterapeuta de la selección venezolana de fútbol, se marchó a España donde tiene tres trabajos informales con los que sobrevive. Octavio se ganaba en Venezuela unos 20.000 bolívares al mes; dinero que hoy a duras penas alcanza para comprar un perro caliente con gaseosa en Caracas.

La mamá de Octavio acaba de llegar a vivir a Bogotá. La vida no le dio para más en Panamá y está buscando trabajo de niñera, o de lo que sea, igual que su esposo, quien era gerente de un banco en Venezuela y ahora aspira a encontrar trabajo como conductor en Colombia. La familia se fracturó por completo, como todo en ese país.

El mundo está lleno de venezolanos honestos, trabajadores y buenas personas como mi amigo Octavio, que un día tuvieron que dejar su tierra para hacer la vida en otro lugar. Venezolanos que no ocultan su nudo en la garganta y que son el ejemplo de lo que no quisiéramos vivir. Que no se nos olvide que Hugo Chávez ganó las elecciones en diciembre de 1998, entronizado por la furia de una clase media agotada de tanta corrupción que en los veinte años anteriores había perdido en un 70% su capacidad adquisitiva mientras los políticos se enriquecían descaradamente. El espejo está al lado. A menos de un año de las elecciones presidenciales, vale la pena, con sensatez y cabeza fría, darle una mirada y decidir qué tipo de país y de políticos queremos para el futuro.

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