¡Ay Francisco!

¡Ay Francisco!

Septiembre 11, 2017 - 11:45 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

Me dolió mucho no ver al Papa Francisco en Cali. No voy a entrar en el detalle de por qué no fue. Dicen que por monseñor Monsalve y los desafortunados escándalos recientes de abusos a menores de edad que tan mal se han manejado desde la Arquidiócesis caleña. La verdad es que no hay cómo confirmarlo porque de esas intimidades no habla la Iglesia Católica. Lo cierto es que a Cali no fue y es una lástima porque la nuestra ha sido una ciudad golpeada por el narcotráfico, de puertas abiertas a los desplazados; una ciudad pujante que mira al futuro con optimismo y si algo dejó de lección esta visita es la necesidad de inspiraciones como la de Francisco para curar heridas y fortalecer la dignidad. Debe el episcopado caleño revisar por qué no nos incluyeron. Indudablemente algo falló.

La buena noticia es que fueron a Bogotá los niños de la Fundación Estímulos. Y mejor no nos pudieron representar: en las afueras de la Nunciatura estos pequeños, algunos con síndrome de down, le bailaron cumbia, le cantaron y nos hicieron llorar. El enternecimiento fue el sentimiento nacional durante la presencia de Francisco en Colombia. Y la sensatez. ¡Ay Francisco! cómo quisiera que una -alguna- de las muchas lecciones que nos diste en esos días memorables, se incrustara en el ADN de los colombianos como se han incrustado tanto odio y violencia durante tantos años.

Que todos somos vulnerables, nos recordó; que miremos a los excluidos, repitió; que perdonemos a quienes cometieron delitos, los reconocen y se arrepienten; que rechacemos la violencia política, que protejamos la naturaleza, que no tengamos miedo y que no nos dejemos quitar la esperanza y la felicidad. No se dejen robar la alegría, dijo a los jóvenes, no se dejen vencer ni engañar.

Qué gran visita la de este Papa que había prometido venir a Colombia cuando concluyera el proceso de paz. Y cumplió. Vino para darle al país ese empujón emocional tan necesario. Ahora corresponde a cada colombiano poner en práctica sus lecciones e inspiración. También existe -como siempre- la opción de quedarse estancado en el lodazal y perder la tremenda oportunidad que la historia nos está entregando. Su mensaje fue claro: perdonemos, bajemos el tono a la agresividad y hagamos lo que toque para que la implementación del proceso de paz funcione. Cada uno sabe lo que ha hecho y debe hacer. En la conciencia está ese medidor que indica cuánta bondad y sensatez le aportamos al país. El Papa sólo nos lo recordó.

¡Qué grande eres Francisco! Qué dicha haberte tenido en estas tierras. La vida es dura pero afortunadamente existe gente como vos, que sos un bálsamo y un alivio.

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