Una historia de mujeres olvidadas

Septiembre 19, 2010 - 12:00 a.m. Por: Umberto Eco

Recientemente descubrí una enciclopedia de mujeres, muchas de las cuales han sido olvidadas injustamente. Hay una excepción: en su libro de 1690, ‘Historia de mujeres filósofas’, el académico francés Gilles Menage escribió acerca de Diotima la Socrática, Arete la Cirenaica, Nicarete la Megariana, Hiparquia la Cínica, Teodora la Peripatética, Leontia la Epicúrea y Temistóclea la Pitagoraniana, de quienes conocemos muy poco. Y lo es correcto es que muchas de estas mujeres deban ser rescatadas del olvido. Pero lo que realmente falta es una enciclopedia de esposas. Se dice que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, desde el emperador bizantino Justiniano y su esposa Teodora, hasta Barack y Michelle Obama. Es curioso que nunca se diga lo opuesto: no hablamos acerca del ‘hombre detrás’ de la gran Isabel I de Inglaterra, o de su contemporáneo compañero viudo, de largo reinado. En las historias de la antigüedad se dedica más espacio a las amantes que a las esposas. Clara Schumann y Alma Mahler, que estuvieron casadas con los compositores Robert Schumann y Gustav Mahler son excepciones, pero estas mujeres causaron gran revuelo por sus amoríos extra y postmaritales. La única mujer que siempre es mencionada simplemente por ser una esposa es Xantipe, casada con Sócrates. Y aún en ese caso, sólo para decir cosas malas de ella.Leí recientemente un texto por Pitigrilli, escritor italiano del Siglo XX, quien atiborraba sus relatos con citas eruditas y con anécdotas que encontraba quién sabe dónde. En determinado punto, Pitigrilli invoca la severa advertencia de San Pablo: “Melius nubere quam uri”, “Es preferible casarse que arder con gran deseo”. Un buen consejo para los curas católicos romanos. Pitigrilli observa que la mayoría de los grandes, Platón, Lucrecio, Virgilio y Horacio, eran solteros. Pero eso no es completamente cierto.Puede ser verdad con Platón, quien, según Diógenes Laertius, escribía epigramas para hombres jóvenes muy apuestos. Platón aceptó como alumnos a dos mujeres, Lastenia y Axiotea, y se asegura que había comentado que un hombre virtuoso debería casarse. Quizá era cauteloso por el infeliz matrimonio de Sócrates con Xantipe.El alumno de Platón, Aristóteles, casó con Pithias, y después de su muerte se unió a quien fue su esposa o su concubina. En todo caso, vivió con ella como hombre y esposa, y la recordó con afecto en su testamento. Le dio un hijo, Nicómaco, en recuerdo de quien, en opinión de algunos historiadores, Aristóteles nombró a su ‘Ética Nicomaquea’.Horacio no tuvo esposas ni hijos, pero a juzgar por sus escritos, sospecho que se permitió aventuras románticas. En cuanto a Virgilio, parece haber sido demasiado tímido para declararse a una mujer, aunque se rumora que tuvo una relación con la esposa de Varius Rufus. Ovidio, en contraste, se casó tres veces.En cuanto a Lucrecio, las fuentes nos dicen casi nada. Una breve mención en un escrito de San Jerome pretende hacernos creer que se suicidó porque una poción de amor lo volvió loco, aunque el santo tenía interés en que un ateo como él fuera considerado demente. Otros adornaron el relato añadiendo la misteriosa Lucilla, que puede haber sido la esposa o amante de Lucrecio. En esta versión ella era una mujer enamorada que pidió a una bruja que le elaborara la poción, en tanto que otros aseguran que el mismo Lucrecio elaboró el brebaje; en cualquier caso, Lucilla no sale muy favorecida. Esto es, a menos que Julius Pomponius Laetus, humanista italiano del Siglo XV, estuviera en lo correcto al decir que Lucrecio se suicidó porque estaba enamorado de alguien más y era infeliz. Siglos después, Dante soñó con Beatriz pero se casó con Gemma Donati, a quien nunca mencionó en sus escritos. Todos piensan que Descartes era soltero, ya que murió muy joven. Pero sí tuvo una compañera, Helena Jans van der Strom, a quien conoció en Holanda. Oficialmente sólo reconocía a Helena como sirviente. Contrario a ciertos rumores difamatorios, él reconoció a la hija que ella le dio, Francine, muerta a los cinco años de edad. En pocas palabras, aparte de los religiosos, que supuestamente eran célibes, y hombres más o menos abiertamente homosexuales como Cyrano de Bergerac y Ludwig Josef Johann Wittgenstein, Immanuel Kant es uno de los grandes pensadores de la historia de quien estamos verdaderamente seguros de que era soltero. Y sorprendentemente, incluso Georg Wilhelm Friedrich Hegel estaba casado; de hecho, parece haber sido un tanto mujeriego, con un hijo ilegítimo. Y Karl Marx estaba profundamente apegado a su esposa, Jenny von Westphalen.¿Qué influencia tuvo Gemma sobre Dante, o Helena sobre Descartes? ¿Y si las obras de Aristóteles en realidad fueron escritas por Herpyllis? Nunca lo sabremos. La historia escrita por esposos ha condenado a las esposas al anonimato.

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