Vargas Llosa, 80 años

Vargas Llosa, 80 años

Marzo 30, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Fue el más joven y hoy el único vivo -y aún en activo- de todo su mítico grupo, el Boom latinoamericano, pero ya le tocó a él también llegar a la provecta edad de los 80 años. Si hoy Cortázar y Octavio Paz estuvieran vivos tendrían 102 años, Fuentes 87 y García Márquez 89. José Donoso cumpliría este año los 100. Ellos volvieron a fundar América Latina desde la literatura y nos dieron una nueva identidad. Pero debió de ser hacia 1979, con catorce años, cuando leí el primer libro de Vargas Llosa. Mis padres eran profesores de artes y ciencias humanas en la Universidad Nacional de Bogotá, y por supuesto grandes lectores, y antes de cada viaje de vacaciones tenían la costumbre de pasar por librerías y comprar una buena provisión de novedades. Cada uno llevaba cuatro o cinco, de acuerdo a su voracidad, y al final podía decirse que todos leíamos todo.La editorial de la mayoría de los libros que leíamos en esos años era Seix Barral: volúmenes blancos con una foto en el centro, el arquero apuntando hacia lo alto y un catálogo tan extraordinario que rápidamente la convirtió en mi fetiche. Ahí estaban las novelas de Cabrera Infante, Onetti, Puig, Sabato, Donoso, Fuentes, y por supuesto Vargas Llosa. Fue así que, enamorado de la carátula -un collage de imágenes- elegí para un paseo La tía Julia y el escribidor, que leí, o más bien devoré, creo, en un día y medio, y por eso me quedó la costumbre de recomendarla siempre que alguien me pide consejo sobre Vargas Llosa.Al releer La tía Julia años después descubrí algo que no había visto en mi primera lectura y es que se trata de la novela de un joven latinoamericano de clase media que quiere ser escritor, y que lucha por su vocación contra la adversidad del entorno. Exactamente lo que era yo: un joven latinoamericano de clase media que quería ser escritor. Y lo que éramos todos los de mi generación en ese momento: latinoamericanos jóvenes que soñábamos con ser escritores. Y aunque el entorno fuera otro, también, de algún modo, luchábamos por adecuarlo a nuestros deseos.La tía Julia mostraba un camino posible, un ejemplo de alguien que persistió y defendió su vocación contra viento y marea y que, al final, logró imponerse. Un aguerrido y valiente escritor que experimentó las mismas dudas que vivíamos nosotros, que sintió la inseguridad y la baja estima, que se hizo las mismas preguntas y sintió esa mezcla de fascinación nerviosa y deseo de auto inmolación que lo acomete a uno cuando el virus de la literatura se le incrusta en la sangre.Por lo demás, La tía Julia ejemplifica muy bien por qué muchos escritores de mi generación elegimos a Vargas Llosa como ‘maestro’. Si uno mira en detalle, tanto en La ciudad y los perros como en Conversación en La Catedral, los protagonistas son jóvenes que están haciendo su entrada al mundo. Y en La tía Julia es sorpresivo que sea él mismo el personaje central de la historia –Marito-. El hecho de que haya usado su propia vida para escenificar el encuentro de una vocación y las mil y una artimañas que un joven escritor en ciernes encuentra para salirse con la suya, fue todo un ejemplo de vida. Desde ese punto de vista, podemos afirmar también que La Tía Julia fue precursora en Latinoamérica de una tendencia que en el Siglo XXI pasó a ser muy importante y que viene desde Proust: la llamada ‘autoficción’.

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