Un mundo feliz

Marzo 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Lo veo y no lo creo. O mejor dicho: leo y releo y no puedo creer lo que estoy leyendo: una senadora de la República, Paloma Valencia, propone que el departamento del Cauca se divida en dos, ¡uno para los indígenas y otro para los mestizos! ¿Y cuál es el motivo de semejante disparate? La senadora lo explicó así al diario Proclama del Cauca, cito: “Dividir el departamento en dos: uno indígena, para que ellos hagan sus paros, sus manifestaciones y sus invasiones, y uno con vocación de desarrollo donde podamos tener vías, se promueva la inversión y donde haya empleos dignos para los caucanos”. No lo podía creer, hasta que me dije, ¡es la reencarnación política de Regina 11! ¿La recuerdan? Esa famosa mentalista paisa que, siendo senadora, propuso sacar a los gamines, pordioseros, locos y prostitutas de las calles de Bogotá, para concentrarlos en los Llanos Orientales. Hay diferencias de estilo, pero el espíritu es el mismo. Se trata de separar de los demás ciudadanos, de la gente que ellas juzgan como “normal” o “de bien”, aquello que identifican como elemento conflictivo, manzana podrida o virus. En el caso de Regina lo pertinente es una categoría económica y moral, mientras que en lo de Paloma es racial y política. Pero la idea es la misma: separar, aislar, proteger a unos poniéndole límites a otros, un principio que, llevado al extremo, dio como resultado los ignominiosos muros de Israel en las ciudades palestinas, o los ghettos, o los campos de concentración, un sistema de alambradas que la historia del Siglo XX ya demostró como obsoleto, intolerante, xenófobo y racista. Por supuesto quise saber quién era exactamente esta distinguida Paloma Valencia y si tenía alguna relación con el Movimiento Unitario Metapolítico de Regina, pero no, oh sorpresa, resultó ser del Centro Democrático. Indagando un poco más, y contra lo que pude pensar en un primer momento, vi que es una persona instruida, con títulos en derecho y filosofía e incluso uno en escritura creativa, lo que me llevó a concluir que su desconcertante propuesta no nace de la ignorancia, sino que es un asunto eminentemente político. Mucho peor. La opinión que tiene esta senadora de los indígenas de Colombia, de su historia y sus reivindicaciones, y el mísero lugar que les asigna en la sociedad de hoy, resultó ser un asunto político. Y ya todo fue más claro. De sus palabras se desprende que los indígenas son un estorbo para el progreso y el usufructo del territorio (¿en qué piensa la senadora cuando habla de progreso? ¿tal vez en la minería, en el ganado, en la extracción petrolera?). Ahora bien, no hay duda de que muchos colombianos comparten esta percepción de las comunidades indígenas, pero, tal vez por decoro, la mayoría prefiere callar, del mismo modo que muchos colombianos son racistas pero se abstienen de expresarlo públicamente, o ultra clasistas o sexistas y homófobos pero son prudentes, pues los tiempos no están como para andar diciendo esas cosas. Pero ahí está la idea, el germen de un cambio: ¿Qué tal más tarde, pensará Paloma, proponer una región sólo para blancos, y dentro de ella una aún más especial para blancos ricos, e incluso para blancos ricos y nietos de presidente? Los indios y los negros y los pobres afuera, y acá nosotros, pensará Paloma. Nosotros los buenos, al fin solos. Un mundo feliz.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad