Todas las mujeres

Marzo 09, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Siempre que llega el 8 de marzo vale la pena hacer un balance, mirar a todos lados y mirarse a sí mismo, porque los problemas de género son los problemas de la especie. ¿Y qué veo? ¡Desesperanza! Que dos jóvenes turistas argentinas hayan sido masacradas en una playa de Ecuador, y que algunas autoridades, al notificar el crimen, mencionen que las dos chicas “estaban solas, en bikini y habían bailado y bebido con los asesinos”, como sugiriendo que eso implica algún grado de responsabilidad de ellas en su propia violación y posterior crimen, nos obliga a encender seriamente las alarmas.Porque, desgraciadamente, el machismo y la violencia con las mujeres en América Latina no es un hecho aislado, ni de un solo país, y además tiende a agravarse al descender en la escala social y educativa. Esto no es excluyente, pues en las clases altas y educadas también hay feminicidios y machismo. Pero quien no pudo ir al colegio ni pasó por una universidad tiene más posibilidades de repetir en su vida ese esquema primario familiar en el que el hombre representa la manutención, el poder y la fuerza, mientras que la mujer, apéndice necesario para procrear, es la generatriz, encargada de la intendencia y fuente de placer. Y por desgracia este es el esquema que uno ve en la mayoría del campesinado e incluso entre los grupos indígenas.En su libro de memorias, Rigoberta Menchú cuenta cómo de niña, en su comunidad maya quiché, los hombres trabajaban el campo y las mujeres cocinaban y criaban. Pero cuando el hombre era humillado por el patrón delante de otros, la forma de recuperar la dignidad consistía en violentar analmente a su esposa delante de los hijos. Sólo con ese gesto de macho salvaje la armonía se restauraba en su psique. De ahí mi escepticismo ante quienes defienden cualquier comportamiento en comunidades indígenas o en otras culturas, so pretexto de que responden a tradiciones ancestrales. Al igual que con la ablación del clítoris en el Islam, creo que sólo se debe respetar lo que es respetable en términos humanos, y esto, como lo de los maya quiché, es una salvajada producto de la ignorancia, por mucho que esté inscrita en un contexto cultural. También en la Judea de Herodes era cultural crucificar a los ladrones y desollar a los mensajeros que traían malas noticias. Y cultural es también que en el Japón de hoy, si el ascensor de una empresa va lleno, una mujer deba salir para dar entrada a un hombre; y podría ser cultural que en el mundo las mujeres ganen en promedio un 10% menos que los hombres por el mismo trabajo.Otros dirán, también basados en costumbres y taras culturales, que si dos mujeres se van a una playa en bikini, solas, y además a un sitio no muy seguro, es porque algo andan buscando, como se dijo de las dos jóvenes argentinas asesinadas en la playa de Montañita, en Ecuador, agregando al crimen una humillación que no es sólo para ellas, sino para todo ser humano pensante. Si a esto sumamos los 28 feminicidios que ya contabiliza Cali en el 2016, y hechos como el asesinato de la líder indígena Berta Cáceres en Honduras, el pasado 3 de marzo, quien lideraba la defensa de un río contra el ímpetu de un consorcio constructor, podemos concluir que ya no sólo la equidad, sino algo tan elemental como el cese al fuego contra la mujer, es todavía una lejana utopía en nuestra América.

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