Sobre el arte del fútbol

Junio 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Me gusta el fútbol y sigo con entusiasmo aquellos partidos en los que es probable asistir a momentos artísticos, cuando esa extraña inteligencia corporal que tienen los jugadores se manifiesta y algo bello emerge, una obra que es a la vez colectiva e individual. Con frecuencia un solo jugador da la pincelada genial, pero de la ubicación de todos los demás en el cuadro depende que ese gesto individual se transforme en artístico, logrando una gran pintura al óleo. Puede ser un balón que vuela por encima de todos y golpea la red por el ángulo, o alguien que salta sobre todas las cabezas y logra desviar a gol un tiro de esquina. El famoso gol de James a Uruguay es muy bello tanto por su gimnástico giro como por el vuelo del portero y el salto inútil de los defensas. Una coreografía irrepetible. El lugar en el que está ubicado cada uno de los artistas es fundamental, un momento efímero que queda detenido en el tiempo sólo porque el balón golpeó la red.No creo que, en el fútbol, la dificultad añada belleza. Hay goles difíciles que son desagradables a la vista, como esos que se marcan con pelotas enredadas dentro del área, un cañaveral de piernas y patadas por el que, de pronto, el balón encuentra un túnel y va al fondo de la red. Pero tampoco la facilidad crea belleza, de ahí que muy rara vez un penalty sea una obra de arte, excepto si el portero, que es el gran protagonista por ser la víctima, logra detener el balón con un vuelo armónico. En el penalty, como en los fusilamientos, el protagonista es quien recibe el disparo y no quien aprieta el gatillo. Esto lo vio muy bien Goya, por cierto, en uno de sus más célebres cuadros, Los fusilamientos del 2 de mayo, poniendo de espaldas al anónimo pelotón de ejecución y en primer plano a quien va a morir un segundo después.La casualidad también puede ser instigadora de belleza: cuando en un tiro libre el balón pega en el travesaño antes de entrar, rematando la parábola, como sucedía con frecuencia cuando pateaba el gran Zico. ¡Qué goles de arte! O cuando un rebote cae del lado correcto y el delantero patea de primera al arco, como aquel famoso de Zidane con el Real Madrid. Tal vez el arte en el fútbol sea justo eso: la capacidad de interpretar a favor el azar. No lo sé.Y por supuesto, las creaciones colectivas, aquellas en las que el hecho artístico es el resultado de una serie de movimientos que, individualmente, serían banales, pero que en conjunto son bellos. Como en las novelas, donde una suma de frases simples provoca un efecto complejo, y en cambio, la profusión de frases “bonitas” puede dar como resultado una prosa ilegible, porque en la prosa como en las jugadas colectivas de fútbol, el resultado no es siempre igual a la suma de las partes. A veces la individualidad es un obstáculo: ese delantero que en lugar de pasar el balón para continuar se adorna con una gambeta y daña el ataque. O el que sólo juega cuando recibe el balón, que es como esos malos actores que sólo actúan cuando les toca hablar. El Barcelona de Guardiola fue el mejor ejemplo de este tipo de arte que podríamos llamar “novelesco”.Por eso me preparo para asistir a una o a muchas estampas artísticas a partir del jueves. Ojalá firmadas por James, el estilista, o el poderoso Jackson o el grácil Falcao, sin olvidar que por ahí andarán maestros como Messi, Tevez o Vidal.

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