Mohammed Alí, in memoriam

Junio 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Supongo que todos los de mi generación recordamos alguna pelea de Mohammed Alí, y puede que entre esas imágenes de infancia esté aquella extraordinaria por el título de los pesos pesados contra George Foreman en Kinshasa (antiguo Zaire), el 30 de octubre de 1974. La verdad yo no sé si la recuerdo o si es por haberla visto una y otra vez a lo largo de mi vida, sobre todo en uno de los mejores documentales de la historia, el famoso Cuando éramos reyes, de León Gast (1996), en el que las cámaras siguen a Alí hasta Kinshasa y, a través de entrevistas y grabaciones originales, nos hace revivir ese increíble combate en el que, una vez más, David venció a Goliat, pues la fuerza física de George Foreman estaba muy por encima de la de Alí. Pero este batió a su rival con la astucia, ganándose al público de África. “Fui un esclavo hace 400 años y he vuelto a África a luchar al lado de mis hermanos. África es el hogar del hombre negro”, dijo al llegar. Hacía poco le habían puesto una multa en EE.UU. y llevado a juicio por no responder al alistamiento militar para ir a la guerra de Vietnam. Alí dijo ante las cámaras. “¿Por qué ir a combatir a Vietnam? ¡Ningún vietnamita me ha llamado negro!”.Mohammed Alí no sólo fue un extraordinario deportista, sino un tipo increíblemente divertido, inteligente y sobre todo muy político. La dignidad de la raza negra fue una de sus luchas por fuera del ring, inspirado por Martin Luther King, Malcolm X y los Panteras Negras. Fue solidario con los débiles, se la jugó a fondo y usó su increíble prestigio para darle fuerza al movimiento negro en Estados Unidos.Hoy este tipo de deportista ya no existe. Tal vez el último de los políticos fue Maradona, aunque a un nivel muy inferior. Y esto es una verdadera lástima. Acá en Colombia, yo extraño que los deportistas sean también ciudadanos políticos, personas un poco más estructuradas en lo social. Con la increíble devoción que Colombia tiene por James o Falcao o Nairo Quintana, y ellos jamás han hecho la más mínima declaración que tienda a favorecer a la gente más necesitada o desprotegida de la sociedad. Ni una palabra. Supongo que sus empresarios o managers les dirán que no lo hagan. Alí en cambio no logró jamás tener la boca cerrada. Fue generoso, dio su apoyo a mil causas altruistas y sociales.Pocas veces en la vida he sentido envidia, y una de ellas fue en la casa del periodista italiano Gianni Minà, amigo personal de Mohammed Alí. En su estudio tiene una foto en la que está en la mesa de un restaurante en Roma acompañado por las siguientes personas: Mohammed Alí, Robert de Niro, Martin Scorsese y Gabriel García Márquez. Por casualidad todos coincidieron y fue Minà quien organizó la cena. Alí había venido porque, a pesar de ser musulmán, el papa Juan Pablo II lo había invitado al Vaticano. Según contó, el Papa al verlo comenzó a darle golpes por debajo de la axila, diciendo: “Sé que odiabas este tipo de golpe”. El papa Wojtila era amante del boxeo y fan de Alí. Había visto todas sus peleas.Y ahora Alí ha muerto, lo que me recuerda otra de sus célebres frases, cuando explicó por qué se hizo musulmán: “Acá abajo somos católicos, pero en el cielo todos son blancos, los ángeles son todos blancos”, y luego exclamó: “Ya sé, los negros del cielo no se ven porque están en las cocinas”.Sigue en Facebook Santiago Gamboa - club de lectores

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