Libros que compré

Libros que compré

Octubre 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

La vida cultural de Cali no para desde que llegué, y por eso le pregunto a mis amigos, ¿pero es así todo el año? Cada semana hay algo bueno, un concierto o una charla, un festival o una feria. Toca elegir y perderse cosas. Este último fin de semana, por ejemplo, lo pasé en la Feria Internacional del Libro de Cali, Filca, un estreno exitoso, pues vi mucho público en los auditorios y tarimas y sobre todo muchísima gente en las librerías. A mí me pareció que la gente sí compraba, aunque ignoro si las cifras finales fueron buenas. Ojalá que sí. Me cuesta trabajo imaginar a un grupo de gente tan grande asistiendo a charlas literarias con ese interés, y que luego se vayan para su casa sin haber comprado nada. Es sumamente improbable, aunque no imposible. Pero el éxito de público revela algo. Supe, por ejemplo, que en los días en que se hizo el festival literario ‘Oiga, Mire, Lea’ la pequeña librería que se adecuó en la Biblioteca Departamental vendió muchísimo, casi una cifra récord, lo que quiere decir que el público caleño está ávido de eventos y de libros, que fue precisamente lo que le trajo la Filca, y sólo espero que para el año próximo pueda extenderse a dos fines de semana, pues esto le permitirá hacer un programa más ambicioso. Sé que ya al menos una editorial importante ofreció aportar varios autores nacionales a cambio de que se haga un poco más larga. Esto me parece el mayor mérito, pues quiere decir que la Filca convenció al gremio más difícil, que es el de los editores.En cuanto a las librerías y casetas de editoriales, creo que la Filca también estuvo bien, con una muestra muy representativa. Soy reacio a que las ferias del libro incluyan en sus stands librerías de oferta, pues quien entra ahí luego no volverá a comprar un libro a precio normal. Pero tras decir esto debo decir que caí ante una de las mejores librerías de oferta, que vino a la Filca desde Bogotá, con precios buenos pero dignos y un excelente catálogo.En ese lugar me pasó algo increíble. Yo había comprado hacía dos días los Cuentos completos de Fogwill, ese entrañable y enloquecido escritor argentino, más la biografía de David Foster Wallace, de D.T. Max, con el título Todas las historias de amor son historias de fantasmas, y el sábado, merodeando otra vez por la librería antes de una presentación, veo a un joven muy flaco y con aspecto tímido que mira entre los estantes y que lleva en la mano, ya elegidos y para comprar, ¡la biografía de Foster Wallace y los cuentos de Fogwill! Tuve una extraña sensación, como de verme duplicado, pues ese muchacho de incipiente barba se parecía un poco a mí de joven, y entonces lo primero que pensé fue que mi doble-yo estudiante de literatura había venido a Cali desde el lejano 1982 para comprar los mismos libros que compré la víspera, pues le urgía leerlos. Era normal que tuviéramos los mismos gustos. Entonces, para asegurarme, le hablé. O mejor: le recomendé un libro de Foster Wallace que había en otro estante, La niña del pelo raro, y él lo agarró como si fuera un lingote de oro. Luego me miró y dijo, usted me parece conocido, y yo pensé, es mi doble que viene del pasado, no hay duda, pero en ese momento apareció su novia y lo llamó por el nombre, que para mi tranquilidad era Juan Sebastián, así que nos recomendamos algunos libros más, le di la mano y me despedí.

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