La Tertulia 2017

La Tertulia 2017

Diciembre 21, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Desde que llegué a vivir a Cali -¡ya van a ser dos años!-, uno de mis más queridos vecinos ha sido el Museo La Tertulia, siempre con propuestas avasalladoras y extraordinarias. Entre las muchas cosas que he visto en sus salas, me queda del 2016 el poderoso recuerdo de los cuadros de Beatriz González en “El segundo original”, basadas en fotografías desconcertantes que extienden y potencian la primera imagen llenándola de sentido, o, en otro momento, los coloridos y complejos universos de José Horacio Martínez, quien seguía trabajando en los murales subido a un andamio mientras el público deambulaba por los salones. El arte como una obra que nunca culmina, que está en perpetuo movimiento, aún frente a los ojos del espectador.Lo que se acaba de inaugurar en La Tertulia, como fin del 2016, continúa con esta premisa, esta vez con la obra de Fernell Franco, Ever Astudillo y Óscar Muñoz. El arte no se detiene, está en constante movimiento. Es lo que hace Muñoz en El ejercicio de la empatía trabajando sobre las obras de sus dos amigos: ponerlas de nuevo en acción, hacer que proyecten otra luz, con un ojo actual que las inunda de presente. Las fotografías de Franco son magistrales. Retratan personajes sorprendidos en su intimidad, con una profunda psicología. ¿Qué están pensando esas jóvenes prostitutas, en sus posturas clásicas sobre un cubrelecho, especie de Majas semidesnudas vallunas, mientras miran con elegancia al objetivo? Qué sobria promiscuidad la de esas mujeres, juntas en un lecho, o, en otra serie memorable, el silencio de esos hombres que parecen galanes de cine de otra época, en un café, con los ojos clavados en una mesa de billar y a la espera.La exposición de Ever Astudillo parece el título de una novela negra: Crimen perfecto. Y es muy oportuno por todo lo que esos misteriosos cuadros sugieren, revelan, narran. Como dice su curadora, María Wills: “Algo está a punto de pasar, o algo pasó ya”. Hay en ellos una extraña geografía de siluetas oscuras, de sombras, de esquinas de ciudades al atardecer por las que se mueven personajes sin rostro, probablemente irritados o nerviosos, anónimos como suelen ser los habitantes de una gran urbe, y sobre todo en horas vespertinas, cuando la necesidad de algo o de alguien se hace más acuciante y muchos solitarios enloquecen. Algo va a ocurrir y, como dijo el propio Astudillo, “ronda lejanamente una radiopatrulla”. Son las ciudades negras y culpables que en sus cuadros asimilamos a Cali, pero que en el fondo podrían ser cualquiera de nuestras presuntuosas aldeas latinoamericanas.La Tertulia presenta más cosas, pues al cumplir sesenta años quiere recordar la ciudad del pasado y su proyección al futuro en Cali 71/17, con una exposición de fotografías y carteles de prensa donde se puede ver la actualidad de 1971, con sus marchas y la hirviente actividad universitaria, con algunos artistas —sobre todo de grabado— de esa generación como Santiago Cárdenas, Pedro Alcántara, Umberto Giangrandi, Alfonso el “mocho” Quijano, Roda y Anibal Gil, así como pinturas de Obregón y Grau o cerámicas de Beatriz Daza, entre otros. Pero también proyectarse y, como dice su directora, Ana Lucía Llano, imaginar “la forma del futuro”, el Cali posible al que, según los artistas, podríamos aspirar, y que sin duda será mejor que el que nos tiene previsto la realidad.Sigue en Facebook Santiago Gamboa - club de lectores

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