La debacle venezolana

La debacle venezolana

Junio 01, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Voy a Venezuela al menos dos veces al año, pues allá tengo amigos libreros, editores y lectores. La última vez fue hace pocos meses, en diciembre, y quedé impresionado por el caos. En ese momento era ya un Estado completamente fallido, pero hoy es aún peor. El salario mínimo es diez veces inferior a la canasta familiar y por eso el trabajador sólo puede vivir de artículos subsidiados, lo que equivale a una condena a hacer filas tan largas que se salen de la ciudad, al desabastecimiento absoluto o, lo que es lo mismo, a depender de lo poco que hay el día en que se tiene derecho a comprar (una vez a la semana). Un profesor universitario gana 35 dólares al mes. Esto hace que los ricos, que tienen su plata por fuera y en dólares, sean cada vez más ricos por la devaluación galopante y el freno a los salarios, mientras que los pobres, los que sólo tienen su fuerza de trabajo, son por lo mismo cada vez más pobres. Sus horas de trabajo valen menos. Contando en dólares, hoy se pueden tener cinco empleados por el precio de uno de hace diez años.El acoso a los opositores es brutal, pero la gente está enfurecida y sale a manifestarse. ¡No más! Y Maduro prepara al país para defenderse de una invasión (según él, de Estados Unidos) haciendo ejercicios militares. El chavismo sin Chávez vive episodios de locura colectiva. Culpan de la debacle al precio del petróleo, a Obama y al capitalismo internacional. La izquierda continental está en crisis, claro, pero Venezuela no se hunde por ser de izquierda ni por los bajos precios del petróleo. Se hunde porque Maduro y los suyos son incompetentes y necios. En Ecuador también gobierna la izquierda y no está en bancarrota, ni han quebrado los demás países del mundo que viven del petróleo. Es pura necedad e ignorancia.Ahora bien, este problema no sólo está del lado del oficialismo. El bajo nivel de sus líderes actuales es una de las graves limitaciones de Venezuela. Escuchar a Capriles y tratar de imaginarlo al mando del país es casi un acto de fe. ¿Y qué decir de Leopoldo López? Por supuesto que tendrá el aura del mártir que pasó por la cárcel, pero, ¿es realmente un político formado? Hace poco estuvo en Colombia Lilian Tintori, su esposa, y al escucharla en las entrevistas comprendí que ante el tamaño de la crisis que vive Venezuela es muy comprensible que los discursos políticos estén todos, tanto los de Maduro como los de los opositores, plagados de emocionalidad y lugares comunes más que de ideas o proyectos. Maduro, por ejemplo, acusa a todos sus rivales de ser de la CIA, una acusación trasnochada e infantil que refleja su paranoia y falta de imaginación. Pero tampoco la oposición tiene articulado un discurso que vaya más allá de lo básico. Prueba de esta grave limitación es la incapacidad de dialogar, y la necesidad de hacerlo a través de un mediador como el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero y en otro país. ¿Es esto una consecuencia de la diáspora provocada por la crisis de estas dos últimas décadas? No lo sé, pero es muy patente. Quienes están en medio son los ciudadanos de a pie. En una manifestación de hace poco vi la foto de un hombre de espaldas, con una botella plástica en la mano, deteniendo a la Policía. Hoy ese hombre es casi más fuerte que Maduro, y será esa fuerza la que lo va a sacar del poder, ojalá sin demasiada violencia.Sigue en Facebook Santiago Gamboa - club de lectores

VER COMENTARIOS
Columnistas