KLM y la libertad de viajar a Europa

Junio 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Viajo por primera vez a Europa desde que se levantara la restricción de la visa Schengen a los colombianos, y así, muy orondo, me acerco al counter de KLM en un aeropuerto Bonilla Aragón que todavía está en obra, pero cuando me llega el turno el personal de la aerolínea me bombardea a preguntas: ¿El señor tiene visa o es residente en algún país europeo? Me quedo perplejo. Tengo residencia en Italia, pero con ánimo investigativo les pregunto: ¿Y esa información a ustedes de qué les sirve? Un joven y una muchacha, muy apersonados de su papel, me explican que para poder embarcar debo mostrarles mi visa o documento de residente, o si no la reserva de hotel por los días de mi estadía o en su defecto una carta de la persona que me va a recibir, diciendo que se hace responsable de mí.Al escuchar a estos jóvenes, muy bien aleccionados, mi ánimo investigativo se empezó a transformar en rabia. ¿Ahora que nos quitaron la visa, con qué derecho la aerolínea se transforma en autoridad migratoria? ¿De qué vale entonces que los países de Europa nos hayan quitado la visa? Una amable señorita, cuyas gafas redondas empezaron a parecerme odiosas, siguió con su explicación: “Lo que pasa, señor, es que si al pasajero lo devuelven al llegar a Europa nosotros tenemos la obligación de embarcarlo de vuelta, por eso le pedimos al pasajero un documento válido”. Le digo que ese es un problema entre la aerolínea y la autoridad migratoria, no entre la aerolínea y el pasajero. Y sobre la tal invitación, me permito señalarle que de todos modos un correo electrónico impreso no es un documento válido, y que nadie puede tener una visa que ya ninguna embajada da.La apoteosis llegó al señalarle que en ninguna parte de la página web de reservas de KLM se advierte que uno está obligado a presentarse con eso. “Pero eso son cosas que los pasajeros deben saber”, me dice. Le respondo que si la KLM no lo pone en su página web es porque no tiene derecho a pedirlo: si no es requisito para vender un pasaje no pueden pedirlo después, cuando el viajero va a usar el pasaje que ellos le vendieron. Entonces le digo a la señorita: “Que usted me pregunte qué voy a hacer con mi vida una vez que llegue a Europa, es como si yo le preguntara a usted cuánto le costaron y por qué compró esas extrañas gafas”. Y agregué: “Su respuesta sería: ¡A usted qué le importa! ¿Verdad?”. Pues creo que es lo mismo. A KLM no le importa qué hacen los pasajeros colombianos con sus vidas una vez que ella los transporta a Europa. Si se portan bien o mal es problema de cada uno. La señorita, ajustándose sus gafas, insistió: “Va a ver que al llegar a Ámsterdam le piden un documento válido”. Le insisto en que una reserva hotelera o una invitación personal no son ‘documentos válidos’. Uno podría sentarse en la cafetería Ventolini y escribir la invitación con una firma falsa. Me dice que es lo que hace mucha gente, pero que la aerolínea está obligada a pedirla.En ese punto decidí avanzar, mostrando mi residencia de Italia, y por supuesto al llegar a Ámsterdam nadie me pidió ni a mí ni a ninguno de los colombianos que estaba en mi fila, nada parecido a una carta de invitación ni visa ni reserva de hotel. Muy al contrario. El guardia estampó el sello en el pasaporte y, con una sonrisa, me dijo, “bienvenido”.Sigue en Facebook Santiago Gamboa - club de lectores

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