Grecia: Weber Vs. Aristóteles

Julio 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

La cultura de Occidente comienza con una mítica guerra, la de Troya. Una guerra que no ha terminado aún, pues a lo largo de la historia hemos visto una y muchas Troyas volver a encenderse a través de curiosas metamorfósis. Esa guerra primordial fue el big bang de la cultura en esta zona del planisferio. Se extendió por Europa cuando el Imperio Romano adoptó lo griego y lo llevó a todos sus confines, al tiempo que trazaba calzadas, erigía acueductos y teatros.Pienso en todo esto al ver la humillación que Europa, forzada por Alemania, le está propinando al caótico y desobediente país helénico, al parecer en bancarrota, algo que debe ser revisado con lupa y en lo que los bancos acreedores también tienen mucho qué explicar. Una bancarrota que, de acuerdo a una concepción ética protestante y capitalista de países nórdicos, pareciera quitarle a Atenas toda soberanía y legitimidad, o al menos así lo pretende Berlín. Si no tienes ya no puedes opinar. Ya no eres creíble. No eres mi igual. Dice el filósofo Estanislao Zuleta que los griegos “tuvieron una ventaja muy notable sobre otros pueblos de la antigüedad y es que no contaron con un texto sagrado”, lo que les dio gran libertad en el terreno del pensamiento, y que por este motivo establecieron los principios de una racionalidad y de una ética basadas en la reciprocidad entre las personas. Explica Zuleta: “Es una ética horizontal, es decir, entre iguales”. Esto a diferencia de las culturas cristianas, donde la ética es más bien vertical, de arriba hacia abajo o viceversa, con valores como la compasión o la caridad, la obediencia o la sumisión, y en donde la culpa adquiere un valor preponderante. Este choque es parte del actual problema: Tsipras lo ve de un modo horizontal, como algo que deben resolver todos por el bien de una Europa unida y entre iguales, mientras que Berlín considera que Grecia, al poseer la culpa, ya no es su igual, y por eso espera de ella obediencia y sumisión. París, desde otro ángulo, expresa compasión y promulga cierta caridad solidaria, lo que implica que tampoco la reconoce como su igual. Por eso lo que vemos por estos días, y que está a punto de fragmentar a la Unión Europea, es en el fondo un enfrentamiento entre las tesis éticas de Max Weber, que ve bondad donde hay ganancia y aumento del patrimonio, y las de Aristóteles, que le dan la supremacía al comportamiento virtuoso del hombre. Tsipras, en el parlamento europeo, citó a Sófocles con las siguientes palabras: “Respeto las normas de la Eurozona. Pero Sófocles enseña que existe un momento en que el derecho de las personas está por encima de la ley, y este es uno de esos momentos”. Se refiere a Antígona, cuando la heroína da sepultura al cadáver de su hermano desafiando la prohibición del rey Creonte.Tal vez Berlín, que también aplica el pensamiento griego pero en su lado más racional, piensa que Tsipras habría hecho mejor citando a Platón en su diálogo Critón, en el que Critón invita a Sócrates a escapar para no tener que cumplir la sentencia de muerte que le fue impuesta, pero Sócrates, aún a sabiendas de que la condena era injusta, no quiere irrespetar las leyes de Atenas, pues el respeto de la ley, dice, no puede estar supeditado a mi propio interés. Todo esto nos demuestra que la filosofía antigua, como la guerra de Troya, tampoco ha concluido.

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