Garzón

Garzón

Enero 16, 2018 - 11:40 p.m. Por: Santiago Gamboa

No es frecuente que me interese por un seriado televisivo nacional, pues pasé demasiados años fuera de Colombia y, creo yo, para poder disfrutarlos se debe tener la costumbre, un cierto hábito para ‘engancharse’ a un programa, con lo que eso significa cuando, además, se emite todos los días. De ahí mi reticencia a ver, incluso, las famosas series de Netflix, y eso que en ellas uno ve sólo cuando quiere, y puede ir adelante o atrás, lo que es imposible en los seriados nacionales.
Durante mi adolescencia bogotana vi muy poca televisión, pues mi enfermedad (incurable) era ya la lectura, así que para encontrar referencias debo ir aún más atrás, a mi infancia, cuando mi familia materna se reunía los domingos en casa de mi abuela y a una cierta hora, indefectiblemente, todos íbamos al televisor a ver Yo y tú, de Alicia del Carpio.

Pero esta escasa experiencia revivió y, casi diría, explotó esta semana ante la serie Garzón, la cual esperé con ansia y de la que acabo de ver, entusiasta, el primer capítulo. Absolutamente todo me gustó: el hecho de haber comenzado por el final, es decir el asesinato, como en Lawrence de Arabia; la velocidad de la narración, los cortes de muy elegante trazo, los diálogos y, en general, la mirada de la cámara, que muestra una muy alta concepción fílmica y de rodaje, pero claro, no es para menos cuando se trata de Sergio Cabrera, que es quien dirige y concibe la imagen global, quien diseñó lo que vemos en las pantallas y el modo en que se va contando la historia; y qué decir del actor, Santiago Alarcón, quien, a los pocos minutos, era Garzón ante mis ojos, con su voz y sus ademanes, la prosodia de su charla, los cambios súbitos de ritmo, las imitaciones, el estallido del humor por doquier; me gustó que el guión de Juan Carlos Pérez haga énfasis en el atractivo que para Garzón, un jovencito de clase media baja, del barrio La Perseverancia de Bogotá, bastante feíto incluso para los estándares nacionales, suponían las hermosas y sensuales actrices colombianas: haber tenido romances con Margarita Rosa de Francisco y, casi simultáneamente, con Flora Martínez, siendo bajito y cojo, habla de su tremendo carisma, y es eso exactamente lo que el actor nos mostró en el primer capítulo: un hombre endiabladamente atractivo, chispeante, de una ternura infinita y un repentismo envidiable. Cuando la actriz que representa a Margarita Rosa, en un restaurante, le dice: “¿Y usted para qué me quiere emborrachar?”, él le contesta, sonriendo: “Cuando se emborrache le digo”.

La serie, por lo demás, hace un homenaje a una de las figuras más idolatradas y queridas de Colombia. Un personaje positivo, que usó su talento y su arte del lado de la vida y de la alegría, no de la muerte. Que hizo mejor y más habitable este país, este convulso y fértil colectivo humano que fue capaz de producir a alguien tan asombroso como Jaime Garzón y luego asesinarlo. Un país triste e injusto, cruel consigo mismo, especie de Júpiter que se traga a sus mejores hijos.

Por eso ya quiero ver el segundo capítulo, aunque sé que me arrancará lágrimas, pues viene el asesinato, ese sombrío 13 de agosto de 1999. Sé también que a partir de ahí entrará en escena la madre, doña Daisy Forero, interpretada por la grandísima actriz Carmenza González, alias Capacho, y que será otro de los personajes fuertes y entrañables de la serie.

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