Feria del Libro de Bogotá

Abril 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Ya está otra vez la Feria del Libro en Corferias, este año con Holanda como país invitado y, lo más importante para mí, con la visita de Cees Noteboom, uno de los escritores vivos que más admiro. Sus libros de viajes son modelos de escritura. Contienen no sólo las crónicas de los lugares sino también sesudas reflexiones sobre el arte de viajar y el arte de viajar para escribir. Uno de sus libros, Hotel Nómada, es para mí un monumento absoluto, algo así como el pabellón alemán de Mies Van der Rohe para los arquitectos. Como no leo holandés lo tengo en dos ediciones traducidas: una en inglés, con prólogo de Alberto Manguel, y otra en español, bellísima, de la editorial Siruela, en tapa dura, con una ilustración de una máquina de escribir idéntica a la que yo utilicé para mis primeros textos. Con sólo voltear a mirar sus libros ya me vienen ganas de salir a caminar el mundo y de escribir sobre ello.Ya hablé alguna vez de todas las cosas que me gustan de Holanda -cuando la KLM llegó al país-, así que tendré que repetirme: en mi último viaje a Ámsterdam sentí que me perseguía la imagen de Baruch Spinoza, el filósofo de origen portugués, y además supe que el apellido de otro filósofo contemporáneo al que leo -aunque con dificultad, lo confieso-, Peter Sloterdijk, es el de un pueblo o barriada de Ámsterdam por donde pasa el tren que va a la ciudad desde el aeropuerto de Schiphol, mi aeropuerto preferido en un mundo saturado de aeropuertos tristes y desvencijados.Pero vuelvo a la Feria del Libro de Bogotá para reseñar también la presencia de Svetlana Alexiévich, premio Nóbel del año pasado, quien tendrá una charla con Laura Restrepo, en uno de los más apetitosos eventos de la programación, pues reúne a dos grandes periodistas y testigos del devenir político de sus países, ambas escritoras y ambas desde la orilla del periodismo. Los tres libros que leí de Alexiévich me han estremecido al punto de que la dosis no puede superar las veinte páginas diarias. Es dramático, doloroso. El ser humano aparece desnudo, con toda su crueldad e inocencia. El libro sobre Chernobil es un grito de cólera y un abrazo, y el de las mujeres en la Segunda Guerra Mundial es aún más conmovedor. Pero el de la guerra soviética en Afganistán es tal vez el más cruel, pues, como dicen todos los entrevistados, para la URSS fue una guerra secreta y sin gloria, así que quienes murieron allí o quedaron mutilados no inmolaron su vida por una causa heroica, sino por una vergüenza histórica de la que nadie quiso hablar inmediatamente después.Participaré en la Feria el sábado 23 de mayo, en una charla con el novelista italiano Paolo Giordano, autor de un libro bellísimo que además fue un best seller internacional, llamado La soledad de los números primos, sobre las conexiones secretas entre la violencia íntima y la pública. También, el 29 de mayo, presentaré la novela Vida, de Patricia Engel, colombiana y norteamericana a la vez. Su libro narra en nueve relatos la emigración de sus padres desde Colombia y su vida como latina en Estados Unidos. Muy recomendable.Y antes de despedirme, quisiera desde aquí hacer votos para que Cali, muy pronto, se una al gran movimiento literario nacional organizando una notable Feria del Libro que vuelva a poner al Valle en el circuito de los grandes autores literarios del mundo.

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