¿Es realmente cine mexicano?

¿Es realmente cine mexicano?

Marzo 04, 2015 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Con la lluvia de premios Óscar que obtuvo hace unos días el director Alejandro González Iñárruti por su película Birdman, justo un año después de la consagración de su compatriota Alfonso Cuarón, con el film Gravity, me pregunto si todo ese éxito es endosable exclusivamente al cine mexicano o si no obedece más bien a una categoría distinta que podríamos llamar “cine gringo hecho por mexicanos”. Creo que opto por la segunda opción, sin que esto reduzca o demerite en lo más mínimo, sino todo lo contrario: más bien refuerza la idea de que la cultura es transfronteriza, que va de aquí para allá como el pájaro solitario y que el nacionalismo en las expresiones artísticas es tan vacuo como en cualquier otra manifestación de la vida.Es innegable que ambos filmes llevan el sello de Hollywood, y no sólo por el hecho de que la nacionalidad de las películas premiadas sea norteamericana (así aparece en la ficha técnica de Birdman y de Gravity), o porque los actores y el idioma sean norteamericanos. Esto es una evidencia. Las películas sobresalen por algo más que su impecable producción y es ahí donde está el meollo del asunto: destacan por las historias que cuentan. Es debido a ellas que ambos filmes son inolvidables. Y resulta que estas son originales de Cuarón y de González Iñárritu. Claro, del modo en que se registra la autoría de un guión cinematográfico en el que, como se sabe, trabajan siempre muchas personas. El caso de González Iñárritu, además, está reforzado, pues sus primeras películas, me refiero a Amores perros, 21 gramos y Babel, fueron escritas nada menos que por Guillermo Arriaga, uno de los grandes escritores mexicanos de hoy.El cine norteamericano estaba llegando a un cierto estancamiento temático. Un ejemplo es la película El francotirador. ¿Cuántas veces hemos ya visto esa misma historia? Yo al menos tres veces. Y eso que estamos hablando nada menos que de Clint Eastwood, uno de los directores más originales de Hollywood. Los mexicanos, en cambio, traen sus baúles repletos de historias y con ellas están permitiendo que ese mismo cine hollywoodense renazca. No se trata necesariamente de historias mexicanas, y esto me parece importante. Son argumentos que ocurren aquí o allá, en el espacio interestelar o en las calles de Nueva York. Ya Hollywood no le pide a un mexicano que sea mexicano y por eso pueden narrar el mundo desde cualquiera de sus rincones. El hecho de ser mexicano, esa cultura y esa experiencia y esa visión del mundo que probablemente le da a un artista el formar parte de un magma cultural tan abigarrado y complejo, los lleva a cierta estética, al desarrollo de una psicología y visión del mundo propias que, por supuesto, destaca en medio de la cansada psique de Los Ángeles. No es la primera vez que esto sucede. Recordemos que Billy Wilder, que retrató como ninguno a la sociedad norteamericana, llegó a EE.UU. a los 28 años proveniente de Austria y renovó la comedia en Hollywood.Guardando las proporciones, esto puede ser comparable a lo que pasó en la lengua española con la llegada de los escritores latinoamericanos en el Siglo XX: la relectura que Borges hizo de Cervantes y la que Lezama Lima hizo de Góngora (Goytisolo dixit) hicieron renacer un idioma ya cansado y empolvado, sacándolo de un callejón sin muchas salidas y abriéndolo de nuevo al mundo.

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