Entre Bogotá y Macondo

Entre Bogotá y Macondo

Abril 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

La pequeña ciudad de provincia o más bien el pueblo imaginario se toma este año la capital, porque Macondo es el ‘país’ invitado de la Feria del Libro de Bogotá. Ese modesto lugar que empezó siendo “una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos” y que al final, a punto de ser destruida por un huracán bíblico, García Márquez llamó “la ciudad de los espejos”, y que quedó para siempre en la geografía literaria de América Latina al lado de la Santa María, de Onetti, o la Comala de Rulfo.Pero entre Bogotá y Macondo, no nos engañemos sobre cuál de las dos es en realidad la aldea. No me extrañaría que en mundos lejanos haya muchas más personas que puedan ubicar Macondo y la conozcan sobre el planisferio literario, de los que podrían ubicar con celeridad y precisión a Bogotá en un mapa. E incluso a Colombia, si nos vamos a los confines de la región occidental.En una ocasión, un peluquero musulmán de Nueva Delhi me preguntó de dónde era yo, mientras intentaba darme un aspecto respetable a golpe de tijera. Le respondí diciendo, “¿De dónde cree?”. Se detuvo un instante, me miró y sonrió: “Ya sé”, dijo, “¡El señor es de Cachemira!”. Le dije que no. El segundo país de origen que me endilgó fue Irán. Dije otra vez que no, y al ver que se acariciaba la barbilla y dejaba de cortar, decidí decirle: Colombia. El hombre volvió a sonreír y exclamó: “¡Hermosa ciudad!”. Lo miré extrañado, pero casi de inmediato agregó. “Yo estuve una vez en Colombo, es muy bella”. No voy a decir que él sí sabía de Macondo, pues no se lo pregunté, pero ilustra lo poco conocido que es nuestro país apenas uno se aleja un poco. En otra ocasión, en Indonesia, un grupo de jóvenes estudiantes musulmanas de la Universidad de Yakarta, todas con velo, me miraron con la misma sorpresa cuando les dije que Macondo, el pueblo de Cien años de soledad, se situaba idealmente en el Caribe colombiano. No sabían nada de Colombia, mucho menos que hubiera un Caribe colombiano, pero sí sabían de Macondo. Habían hecho trabajos sobre los pueblos de sus islas, desde Sumatra hasta Flores, argumentando que Macondo podía estar en una isla del Pacífico, porque, decían, esa fue la zona del mundo que se creó más recientemente.Sería inútil hacer la cuenta de bares que, en Europa, desde Moscú hasta Lisboa, tienen el nombre de Macondo, seguramente ignorando que es una marca registrada. A lo largo de mis viajes, que no han sido pocos, sólo recuerdo, en cambio, un hotel en Berlín que se llama Bogotá. ¿Y cuántas canciones, versos, citas literarias tiene la aldea de García Márquez? Infinidad. Si hablamos de sesudos estudios literarios o de tesis universitarias en la vasta geografía de universidades del planeta, me atrevería a calcular una proporción de diez a uno a favor de Macondo.Y por último la población: cuando la novela cumplió 40 años la agente literaria Carmen Balcells dijo que se habían vendido 50 millones de ejemplares, grosso modo, es decir que la aldea de chozas de barro y cañabrava tenía ya más habitantes que Ciudad de México, Nueva York y París juntas.Por todo lo anterior me permito afirmar que es al revés. En esta Feria del Libro es Bogotá, esa pequeña aldea, la que está invitada a Macondo.

VER COMENTARIOS
Columnistas