El tema del padre

Diciembre 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Uno de los temas más recurrentes y casi podríamos decir clásicos de la literatura es el tema del padre. Si miramos el Siglo XX, una de las más importantes obras al respecto es Carta al padre, de Kafka, en donde la temible figura del progenitor es presentada como el origen de la inseguridad y los temores del joven Franz, lo que le permite a muchos críticos afirmar que su literatura, que anticipa la fragilidad del ser humano ante los regímenes totalitarios, en realidad es una diatriba contra la autoridad paterna que tanto lo limitó y frustró. “Desde tu sillón gobernabas el mundo”, dice Kafka en su terrible texto. También Vargas Llosa en La tía Julia y el escribidor cuenta su turbulenta relación con un padre desconocido al que odiaba y quien, sin darse cuenta -según ha dicho el propio autor- le inculcó de forma involuntaria dos cosas fundamentales: la pasión por la literatura (al querer prohibírsela) y el amor por la libertad (al pretender limitársela). Aquí viene a sumarse la imagen del padre desconocido, que llega a la vida del niño cuando ya está en marcha. Algo similar le ocurrió al novelista francés J.M.G. Le Cleziò, cuyo padre se quedó en un país de África en el que trabajaba como médico durante la Segunda Guerra Mundial, mientras que el joven crecía al lado de su madre, en Lyon. Acabada la guerra fue en barco a Nigeria a conocerlo. Un viaje lento y lleno de angustias que está magistralmente descrito en su libro El africano.Algo menos traumática fue la figura del padre para García Márquez. De un lado en esa especie de padre tutelar que fue el coronel Aureliano Buendía, y que tal vez se corresponde mejor con su abuelo, y luego con el joven telegrafista enamoradizo de El amor en los tiempos del cólera, en donde el progenitor es una figura un poco lejana pero entrañable, un héroe a su manera y sobre todo alguien que traza un camino para que el joven se sienta seguro en su andar. Luego aparece la figura del padre como un semidiós, cuya ausencia es el origen del libro. Por supuesto que en primer lugar está El olvido que seremos, de Héctor Abad, la crónica de una familia feliz hasta que irrumpe en ella la muerte con el brutal asesinato del padre en Medellín y la terrible ausencia, pues el padre era la figura central. Y en otro contexto, el caso del novelista español Marcos Giralt Torrente, quien también narra la muerte de su padre en Tiempo de vida, aunque en este caso el libro sea a la vez que un homenaje una especie de ajuste de cuentas por un padre ausente y contra una mujer que fue su segunda esposa. Adicionalmente hay también un reto creativo, ya que el padre fue el pintor Juan Giralt, muy conocido en el ambiente artístico español, y el abuelo materno el novelista Gonzalo Torrente Ballester.A esta colección de textos sobre el padre ausente viene a sumarse, recientemente, uno de los libros más originales que he leído: Examen de mi padre, de Jorge Volpi. Presentado como un tratado de anatomía, cada capítulo está dedicado a una parte del cuerpo del que se desprende la crónica de la vida del padre, médico cirujano, sus hijos, el propio autor, y así el libro es un retrato intelectual y científico del progenitor, un alma buena que su hijo despidió, conmovido, oyendo la canzonetta del concierto para violín de Chaikovski. En suma: los padres, al origen y al fin de los libros.Sigue en Facebook Santiago Gamboa - club de lectores

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad