De nuevo Ferrante

Agosto 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Tras haber literalmente devorado el cuarteto novelesco de las Dos amigas, de la italiana Elena Ferrante, me es difícil separarme de esas páginas y, por eso, vuelvo a escribir sobre ellas en este mismo espacio, tal vez para recrear el placer de estar inmerso en ese mundo literario, uno de los más intensos y logrados que he podido conocer en la actualidad. Ya mencioné en días pasados que el meollo del asunto es la amistad entre Rafaela y Elena, dos niñas de clase muy baja, nacidas en un barrio periférico de Nápoles, y de cómo a lo largo de sus vidas enmarañadas, de sus separaciones y enojos, tragedias y maldades, se narra la historia de un barrio y sus habitantes, cuyas vidas se van desarrollando en paralelo a lo largo de los cuatro libros, en una cronología que va más o menos desde 1952 hasta nuestros días y que tiene como primer gran paisaje de fondo la ciudad de Nápoles, que por momentos se vuelve protagonista, pero también Italia, la Italia de los sesenta, setenta y ochenta, sobre todo su vida política e intelectual, sus grandes problemas como la corrupción y la mafia, su complejidad cultural y dialectal, el choque entre la tradición y la ruptura, entre el mundo obrero y pobre y aparentemente sin esperanzas, y el intelectual de la clase media y pudiente, unido al violento contraste entre comunistas y fascistas, ideologías casi siempre heredadas de padres a hijos.Más que en ninguna otra de su género, en esta larga historia el lector es consciente de que el principal tema de la novela, de cualquiera, es el paso del tiempo. El tiempo que moldea a los personajes y a las sociedades, que transforma en héroes o en villanos a jóvenes soñadores, que destruye las estatuas de granito y las convierte en seres frágiles, de carne y hueso. La novela que todo lo pone en duda y lo explica, y que inocula en el lector la memoria viva de todo lo que narra, porque este es uno de esos libros que se incorpora a nuestra biografía, no sólo a nuestra biblioteca Y más aún, pues al ser un proyecto tan ambicioso y complejo, esas vidas no sólo acontecen ante nuestros ojos sino que regresan a través de otros personajes, se bañan dos y tres veces en el mismo río porque la memoria de cada uno es diversa, contradictoria, ¿qué fue lo que pasó realmente esa tarde? ¿De quién eran esos pasos que se alejaban? ¿Quién envió ese misterioso camión a esa hora? La novela que inventa y desarrolla un mundo. Por supuesto que Nápoles ya había sido escrita, por ejemplo por Erri de Luca, pero creo que en este cuarteto la ciudad vuelve a nacer de un modo definitivo.Al pensar en Dos amigas, me vienen a la mente otros proyectos literarios ambiciosos, como Los Buddenbrook, de Thomas Mann, en donde a través de casi mil páginas vemos las vicisitudes, altos y bajos de una familia que lleva ese nombre. O ese otro cuarteto, El cuarteto de Alejandría, donde una extensa galería de personajes nos cuenta sus avatares en la ciudad egipcia a través del gran tema de la propia creación artística, pero también del amor y la soledad, el placer y la infidelidad, el dolor y el arte. Libros cuyo propósito se acerca a eso que en los años sesenta se denominó la 'novela total', la que tiene la pretensión de suplantar al mundo, un universo de palabras que, en el caso de la Ferrante, sigue llamando al lector tiempo después con una misteriosa y seductora voz.Sigue en Facebook Santiago Gamboa - club de lectores

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