De aquí para allá

Noviembre 23, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Paso por París para ir a la Guyana Francesa y justo coincide con el aniversario de la tragedia del Bataclán. Hace un frío brutal pero la gente sale a poner flores en los lugares donde hubo muertos y, sobre todo, en la Plaza de la República. París tiene eso: una poderosa sociedad civil. Luego embarco hacia Cayena leyendo las mil teorías francesas sobre la victoria de Trump. Francia es por encima de todo una fábrica de ideas y de teorías de complot. Thomas Pikkety dice que se explica por la desigualdad económica. Lo raro es que quienes votaron por el peluquín de color zanahoria fueron los acomodados y ricos blancos del país. También se habla de la ‘post-verdad’ que hizo triunfar el Brexit y a Trump. El filósofo alemán Peter Sloterdjik, entrevistado por el semanario Le Point, dice que vivimos en una época de profundo retroceso intelectual en la que la mayoría de los ciudadanos, desinformados e ignorantes, ya no son electores sino creyentes. Creen lo que quieren creer, no la verdad. Por eso quien los satisface no dice mentiras sino ‘post-verdades’. La campaña del No, en este contexto, sería el summum de la ‘post-verdad’. Por cierto que para los analistas europeos y los del New York Times el descalabro democrático del 2016 fue sólo por Trump y por el Brexit. Nuestra pequeña Colombia y su apocalipsis plebiscitaria no clasificó para ser nombrada internacionalmente. Ni siquiera Vargas Llosa, que escribió sobre el triunfo del populismo, la mencionó.Cayena es bonito, muy parecido a los puertos del Caribe. Las casas tienen contraventanas de madera y muros con encalados que dejan pasar el aire. Techos de zinc. La Guyana entera es un capricho de Francia en América Latina, pero los habitantes no se sienten latinoamericanos. Todo está subvencionado, no se produce casi nada. No hay gran agricultura, no hay fábricas importantes. Todo cuesta un 40% más que en París ya que llega por vía aérea. Asisto al lanzamiento de un cohete espacial Arianne que tarda 28 segundos en cruzar el cielo hacia arriba y perderse. Visito una de las temibles excárceles de Francia. Henri Charriere, más conocido como Papillon, escapó de la Isla del Diablo con una ola enorme que lo alejó de la prisión. Hace calor, la humedad es alta. Los condenados morían de malaria, tifo o fiebre amarilla. Lo que más me extraña es saber que a los guyaneses no les interesa casi nada Latinoamérica. Para ellos existe la Metrópoli y Europa. Son europeos, tienen pasaporte francés y euros, ¿qué más quieren? Les inquietan los inmigrantes de Haití y también los chinos, que vinieron a poner tiendas Import/Export donde se consigue de todo muy barato. A los brasileños los ven con desconfianza. Sus carreteras mueren en la frontera con Venezuela y hacia Brasil sólo se puede llegar por tierra a Macapá, en las bocas del Amazonas. La gente de la cultura quiere remediar esto y la Feria del Libro de Cayena del 2017 tendrá como invitado de honor a Colombia. Piensan traer a diez escritores, pero lo difícil son las rutas. Se puede volar vía Panamá hasta Aruba y luego Paramaribo, en Surinam. Y de ahí cinco horas por tierra. O ir vía París. Ya casi de vuelta, otra vez envuelto en el frío parisino, leo en la prensa colombiana que los del No siguen aferrados a su hueso y que oficialmente empezó la guerra sucia. Entonces empiezo a extrañar la humedad y el calor de Guyana.Sigue en Facebook Santiago Gamboa - club de lectores

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