Ciro & yo

Ciro & yo

Enero 30, 2018 - 11:40 p.m. Por: Santiago Gamboa

Es una de esas películas que duran muy poco en la cartelera de cines, para las cuales llegar a un segundo fin de semana es una verdadera y casi milagrosa prueba de supervivencia. Por eso hay que correr a verla, pues ya casi no hay salas que la exhiban, y luego habrá que esperar un par de meses a que salgan algunas copias en DVD o que sus derechos sean comprados por alguna plataforma digital de televisión. Ciro & yo, para ser exactos, es un documental. Su director, Miguel Salazar, viajó hace 20 años a La Macarena a hacer fotografías de Caño Cristales y ahí comienza todo, pues conoció a Ciro Galindo, un campesino que trabajaba con sus hijos en la zona sirviendo de guía para ir al río de las algas de colores.

Muy pronto la historia triste del país comenzó a golpear a este humilde campesino, quien no tuvo ninguna arma distinta a su propia inocencia, su timidez y tal vez la seguridad de estar completamente abandonado en su pequeño mundo. Al año de que Ciro y Salazar se conocieran, el gobierno de Andrés Pastrana le concedió a las Farc la zona de distensión, la cual incluyó La Macarena, y Ciro fue uno de los miles de campesinos que, sin muchas explicaciones, vieron cómo la autoridad de su municipio pasaba del Estado a la guerrilla. Según dice, para los pobladores fue igual, no hubo ninguna mejoría, pero al final, cuando se fueron, se llevaron a su hijo de 13 años. Y ahí comienza la tragedia. De ese hecho irán derivando una serie de avances y retrocesos, y a los pocos años ese mismo hijo acaba en el paramilitarismo, con el bloque Centauros de las AUC, que operaba en el Meta, consolidando la increíble pesadilla para este pobre hombre y su esposa.

La narración nos muestra, en cada época hasta nuestros días, cómo los hechos de la vida nacional se fueron organizando para hacer más desdichado e inerme a Ciro, quien sólo tuvo como riqueza su prole, sus hijos, y que por vía de ellos cayó en desgracia y debió pasar dos décadas luchando para salvarlos. Podemos asistir, también, al peregrinaje de la caridad pública con los desplazados del conflicto, que de cualquier modo es más que nada y que, así sea con cuentagotas, le va dando a Ciro un poquito aquí y un poco allá, permitiéndole seguir adelante, así sea algunos metros cada vez, ya que ninguna solución es definitiva.

El documental está hecho con entrevistas a los personajes, grabaciones de audio, fotos y filmados de diferentes archivos de la historia reciente. En ningún momento se representan los hechos, sino que estos van siendo contados, sea por el propio Miguel Salazar, por Ciro Galindo o por Esnéider Galindo, su tercer hijo, y esa austeridad, una cierta sequía en el material proyectado, resulta de lo más apropiado para narrar esa increíble y conmovedora aventura. El ritmo respetuoso y los escasos medios son un eco muy bello a la voz que, a veces con dificultad, va narrando la historia, que como dice el filme es la misma del país, con toda su dureza, pero desde el ángulo de la vida privada de Ciro y su familia.

Al salir pensé que son estas vidas las que debemos conocer y tal vez narrar, ahora que Colombia se acerca a un momento crucial. Porque personajes como Ciro son los que nos recuerdan el verdadero valor de la paz y la libertad, esa misma que, a menudo, desde el orden o el desahogo de las ciudades, tantos han perdido de vista.

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