Azules aviones de Holanda

Azules aviones de Holanda

Abril 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Casi no puedo creer esta increíble casualidad: regreso a vivir a Colombia, me instalo en Cali y, poco después, llega detrás nada menos que la KLM, ¡y con un vuelo que sale de Cali y va directo a Amsterdam! Por ser esta una época de vacaciones me parece un tema apropiado. Y es que los raudos aviones azules de KLM me han llevado, puedo decirlo, a cuatro continentes. Cuando vivía en Roma, hasta hace apenas tres meses, siempre pedí a quienes me invitaban (centros culturales, ferias del libro, festivales, embajadas, editoriales) que los vuelos fueran en lo posible por KLM, pues aparte del buen servicio siempre he creído que sus aviones o son más grandes por dentro (lo que parece poco probable) o tienen menos filas de sillas. Eso me permitía, además, tomar la correspondencia para el segundo vuelo en el aeropuerto más cómodo y agradable del mundo, que es el de Schiphol, con un comercio maravilloso y nada avasallador, ofertas estupendas de ropa y cachivaches, cafeterías deliciosas y puestos de venta de semillas de tulipanes, y en el que uno puede, además, ver una reproducción del Rijksmuseum y comprar libros sobre Rembrandt.El aeropuerto de Schiphol escapó a la moda actual de crear centros comerciales con aviones (como el incómodo T4 de Madrid), y más se parece a un centro cultural para viajeros, sabrosísimo, que además es fácil de entender y cuenta con mil ayudas para orientarse. Desde hace varios años se lo vengo diciendo a mis amigos: la Crown Lounge de KLM en Schiphol es el lugar ideal donde viviría el resto de mi vida. Porque en ocasiones, quienes me invitaban contaban con amplia bolsa y les alcanzaba para ofrecerme un pasaje en clase ejecutiva. Sobre un estante colecciono las pequeñas casas tradicionales holandesas en porcelana que la aerolínea regala a sus clientes más selectos y que, por dentro, están cargadas con ginebra Bol’s, una de las más antiguas, que hace honor a una cultura que, entre muchas cosas, trajo al mundo precisamente eso: la ginebra, inventada en el Siglo XVI por un distinguido médico holandés, Franciscus Sylvius, y que por tratarse de un galeno su uso original -ya lo imaginarán- fue muy diferente del que le damos hoy: era prescrita como diurético.Así pues Holanda, aparte de los muy conocidos Rembrandt y Van Gogh, es la cuna de la ginebra. Y del pintor Johanes Vermeer, cuyo cuadro Vista de Delft fue considerado por Marcel Proust “el más hermoso de toda la historia de la pintura”, y que el maestro Fernando Botero, en una ocasión, opinó que podría perfectamente llamarse Vista del cielo de Delft, pues el cielo ocupa más de la mitad del cuadro. “¡Y qué cielo!”, agregó Botero. Y ya que el tema es de viajes, hay que mencionar a Cees Noteboom, uno de los más grandes escritores de viajes de la actualidad. Recomiendo Hotel Nómada, con crónicas por África y América Latina, o su maravillosa novela breve Mokusai. Con apenas esos dos textos ya entiende uno por qué es candidato hace años al premio Nobel. Y claro, hay que recordar que Ámsterdam es la tierra del filósofo Baruch Spinoza, el judío de origen portugués al que Borges dedicó un poema que comienza diciendo: “Las traslúcidas manos del judío / labran en la penumbra los cristales”. Qué alegría que el cielo colombiano se llene de aviones azules. ¡Y qué oportunos! Ya tengo un pasaje para dentro de un mes.

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