29 de febrero

Marzo 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Febrero, el mes anómalo del año bisiesto con su tenebroso día 29 no pasó inadvertido por estas tierras. Ya se anunció desde el sábado con la estrepitosa caída de James Rodríguez, quien por primera vez salió de la cancha abucheado y señalado culpable del gol que hundió al equipo y le hizo perder la liga. Esto fue algo triste. Luego, el domingo, la película de Ciro Guerra no ganó en Los Ángeles cuando la situación, con Sofía Vergara leyendo el veredicto, parecía bastante propicia -así como en el pasado Sofía Loren leyó el de Roberto Benigni y Penélope Cruz el de Almodóvar-, lo que fue triste pero también feliz, pues se señaló la fortuna de que una película como la suya, tan poco comercial y además colombiana, estuviera en ese magno escenario.Y por fin, el mismo día 29, después de un período de relativa calma nacional, vimos explotar el apocalipsis. Estando tan cerca de la otra paz, el país se volvió a poner en pie de guerra con la detención del hermano de Uribe. ¡Como si alguien hubiera lanzado una piedra contra un avispero! Y quién dijo miedo: los senadores uribistas, profiriendo insultos, quisieron tomarse la Casa de Nariño; declararon que era un secuestro, una retaliación, una extorsión. Poco faltó para que acusaran al papa Francisco, aliado de Santos y del proceso de paz, de estar detrás de todo desde alguna oscura oficina del Vaticano. Las redes sociales se inundaron de groserías, amenazas, bravatas, desafíos, y que si metieron a este por qué no metieron también a aquel otro, en fin. Se desbordó esa bilis negra que, en Colombia, suele reemplazar el debate, la reflexión, la inteligencia. ¡Y llegó el Armagedón criollo!Pero a la espera de que la marea baje un poco y la Justicia le dé orden a todo eso, vale la pena recordar el gran libro investigativo El clan de los Doce Apóstoles, de Olga Behar, que habré leído hace ya mucho tiempo, pues fue publicado en abril de 2011. Publicado y, de inmediato, demandado, ya que en octubre de ese mismo año la periodista debió ir a juzgados a una amenazadora conciliación con Santiago Uribe de la que salió ilesa. Para cualquiera que lea el libro, el cúmulo de indicios y la rigurosa reconstrucción periodística de lo que pasó en Yarumal, basado en la extensa declaración del exmayor Juan Carlos Meneses, no deja lugar a dudas sobre quienes estaban detrás de ese grupo paramilitar, pero en fin, sabemos también que una cosa es un libro y otra muy distinta un proceso judicial. Sin embargo no deja de ser extraño recordar su contenido, tan preciso, y luego oír en los noticieros que la investigación contra Santiago Uribe se detuvo hace años por falta de pruebas contundentes. Qué raro.De todas formas, El clan de los Doce Apóstoles es mucho más que una investigación periodística y, como señala Antonio Morales en el prólogo, se convierte en un apasionante relato que, con métodos literarios y a veces de novela negra, va distribuyendo sabiamente la información para que la curiosidad del lector nunca decaiga y vaya con ansiedad de una página a otra, sintiendo además el vértigo de que todo es absolutamente real. Por eso, ahora que la paz está por llegar -esperemos que sí-, este libro resulta clave para entender una de las más terribles enfermedades de Colombia, aún no curada del todo, pues como se sabe todavía chapotea por ahí, en cualquiera de sus variadas y originales metamorfosis.

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