Vamos mal

Mayo 15, 2017 - 12:45 a.m. Por: Rudolf Hommes

El gerente del Banco de la República dijo recientemente que bajar tasas de interés no es suficiente y que hay que hacer mucho más. Se refiere a que hay que hacer una reforma arancelaria y una reforma estructural. Esta es una verdad de a puño, pero para que le hagan caso se requiere que Colombia deje de pensar que vamos bien en comparación con la región y que el nadadito de perro de nuestra economía es nuestra arma secreta. Ninguna de estas dos creencias es válida.

Si el desarrollo económico es un bus que pasa de vez en cuando, Colombia ha dejado pasar varios de ellos por pensar en ese par de tonterías. En 1960 no se montó en el bus que tomó Corea del Sur que hizo crecer su ingreso por habitante en dólares corrientes 172 veces. Pasó de USD$159 en 1960, a USD$27200 en 2015. A finales de los años 80 tampoco se montó en el que condujo a Asia Oriental a elevar su ingreso por habitante 65 veces entre 1960 y 2015, la mayor parte de esto a partir de los años 80. El de Colombia solamente ha crecido 21 veces en ese período, una octava parte de lo que obtuvo Corea del Sur, que partió de un ingreso mucho más bajo en 1960. El nadadito de perro no va a sacar a la economía adelante.

Y si el referente es América Latina tampoco sirve de ejemplo o de émulo. La región no se ha destacado, y a pesar de ello no somos una de las economías más dinámicas del continente. Entre 1960 y 2015 el ingreso per cápita del mundo creció 22 veces y el de América Latina 23 veces partiendo de un nivel un poco inferior. En los países de ingreso medio en el mundo, el per cápita creció 33 veces y en los de ingreso medio alto, creció 43 veces. El único país del continente que obtuvo un crecimiento de ese orden de su ingreso promedio en esos 55 años fue Brasil (41veces) y ha perdido parte de este en los últimos dos años. La región como un todo es perdedora y en ella todos los referentes de Colombia (Chile, Perú, Ecuador, Costa Rica y Panamá) crecieron más que nosotros.

¿Entonces qué hacemos? Lo primero sería aceptar que vamos mal, dejar esos dos consuelos a un lado e identificar debilidades y fortalezas como hacen todos los que están en aprietos. Esa es una labor que deben emprender todos los interesados, especialmente los empresarios, las universidades, los centros de investigación y por supuesto el gobierno y los políticos. Se debe mirar cómo elevar la productividad del país, cómo aumentar el ingreso por habitante para que impulse a la economía, cómo exportar y cómo inducir o atraer mayor inversión, entre otras cosas. Parece inevitable comenzar la discusión por analizar el papel que han jugado el gobierno y el sector privado y los cambios necesarios en la mentalidad y en las prácticas de estos dos sectores claves para que junten cabezas, le propongan un nuevo derrotero al país y lo emprendan, que es lo que generalmente no sucede.

En este espacio no se puede ni siquiera arañar el tema pero se puede destacar lo que se olvida frecuentemente en estas discusiones: que el gobierno juega un papel central en el desarrollo que va mucho más allá de una buena política macroeconómica, que es un requisito mínimo. Cuando se analiza el éxito y el desarrollo de economías desarrolladas es evidente que los gobiernos han hecho mucho más que el sector privado para promover cambio técnico y productividad.

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