Un silencioso descontento

Noviembre 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Rudolf Hommes

Armando Montenegro se queja de que en el país existe una infinita tolerancia de problemas que en otras sociedades suscitan acciones políticas y sociales que generan finalmente soluciones o respuestas oficiales (El Espectador, Noviembre 6, 20011). Esa tolerancia hace posible que los gobiernos ignoren los más grandes problemas y es una de las causas por las cuales no se progresa.Este comportamiento es universal, aunque en Colombia es muy notorio. Fue estudiado y descrito por el economista Mancur Olson, ya fallecido, en un libro sobre las acciones colectivas en el que el trataba de explicar su lógica. Según este economista, problemas como la infra provisión de infraestructura, que afectan a casi todo el mundo, y se soporta aquí en silencio, generalmente no son objeto de acciones colectivas porque los individuos tienen muy poco que ganar a título personal y no pueden evitar que otros que no contribuyeron a la provisión del bien público se beneficien de él. Es por eso que no hay un movimiento político ni un grupo de presión organizado que represente a los colombianos como dolientes interesados en la resolución del problema de la infraestructura, cuya resolución eliminaría un obstáculo para el crecimiento económico. Pero si es tan importante, ¿por qué la Andi, por ejemplo, no recoge esa bandera, asume la vocería y presiona al gobierno para que construya una red férrea moderna, un buen puerto en el Pacífico, y hagan bien las carreteras?Quizás la respuesta es que la Andi ocupa su tiempo presionando para obtener beneficios para sus afiliados y no actuando en pro del bien común; o que no tiene interés en que mejoren la infraestructura, porque su estado actual es un elemento muy efectivo de protección de la producción nacional y los consumidores pagan por las ineficiencias que esto induce. Como los consumidores tampoco se organizan por las razones ya expuestas, quizás les correspondería a los exportadores organizarse para exigirle al gobierno mejor infraestructura. Pero ellos también están más interesados en obtener beneficios específicos para sus afiliados.La conclusión es que solamente los interesados se ocupan de la infraestructura y por eso las carreteras no son rectas, sino que pasan por las tierras de los ricos y de los políticos, o la razón por la cual no hay ferrocarriles, o no funcionan, excepto en los casos en los que los utilizan unas firmas que los construyeron o consiguieron apropiarse de ellos. Pero aún cuando el beneficio de la acción colectiva se reparte en grupos pequeños, ésta no se produce en Colombia. Por ejemplo, la CAR en Cundinamarca no ha reparado los daños que produjo el pasado invierno, como sucede en otras regiones del país. Todavía están ahí los boquetes que abrieron los ríos cuando se desbordaron, en espera de la próxima creciente. ¿Por qué no se reúnen los propietarios afectados y reparan los daños que les van a causar perjuicios este invierno? En la mayoría de los casos nadie ha hecho algo aunque todos los afectados son conscientes del riesgo que corren y se limitan a buscar soluciones individuales y a un silencioso descontento. Es evidente la ausencia absoluta de capital social. Las demostraciones estudiantiles de los últimos días han sido una excepción, porque un número muy grande de individuos han sido capaces de organizarse para exigir que mejore la calidad de un bien común que es la educación superior. Pero la educación superior es un caso especial, porque los beneficios de acceso a ese bien pueden individualizarse y generan un gran valor para quienes los obtienen. Vale la pena, en este caso, salir a la calle a gritar y a mojarse.

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