¿Qué está en juego?

¿Qué está en juego?

Febrero 25, 2018 - 11:55 p.m. Por: Rudolf Hommes

Lo que está en juego en estas elecciones es el cambio social. Se trata de elevar el ingreso de los colombianos y mejorar sus condiciones de vida de tal manera que en los próximos cuatro años, como mínimo, hayamos eliminado la pobreza extrema en la que vive el 6% más pobre de la población y elevado el ingreso per cápita de los colombianos entre 10% y 15%. Estos objetivos, que parecen modestos, permitirían duplicar el ingreso por habitante en 20 años. Si hay continuidad en las políticas y si logramos salir airosos de la encrucijada en la que nos encontramos, en la que un segmento importante de la población parece estar dispuesto a votar por los que prefieren la guerra, es posible que ese objetivo se alcance antes.

Entre el 40% y el 60% de las familias en Colombia no tienen lo del gasto o apenas les alcanza. El 67% de los ocupados en el campo ganan un salario mínimo o menos, y en las cabeceras, el 43% de los ocupados se encuentra en esa misma situación. El mercado mensual de una familia de cuatro personas equivale al 45% de un salario mínimo. Si solamente una persona trabaja en esas familias, lo que gana le alcanza apenas para cubrir el 55% del gasto básico mensual que incluye vivienda, educación, salud, transporte, vestuario y algo de recreación. Si son dos personas las que ganan salario mínimo en el hogar, pagan sus gastos pero no tienen posibilidad de ahorrar, y cualquier compra, una nevera u otro electrodoméstico esencial tiene financiarse con tasas de interés exorbitantes.

Un objetivo deseable y válido de política económica es reducir rápidamente el número de familias que viven en esas condiciones y garantizar que por lo menos se cuente con lo del mercado y alcance para lo demás. Estas políticas contribuyen además a aumentar la demanda interna. Pero van a ser menos onerosas si la economía colombiana crece por encima del 4% anual, y si ese crecimiento es incluyente.

Los candidatos de la derecha no le paran bolas a la inclusión y le van a dar prioridad a impedir el cumplimiento de los acuerdos de paz. Los que estamos a la izquierda de ellos tenemos que hacer lo contrario porque cumplirlos es parte integral del programa de desarrollo sostenible e incluyente que se quiere llevar a cabo, que tiene que partir de transformar el Estado para que funcione y cumpla su función y sus promesas (hoy no lo hace), de aumentar drásticamente la productividad de la agricultura campesina y de incorporar a la producción millones de hectáreas de tierra subutilizada o improductiva, de desterrar la corrupción y dejar atrás el clientelismo, de hacer un esfuerzo sin precedentes para mejorar el ingresos de abajo para arriba, y emprender reformas estructurales para mejorar la productividad de la industria y modificar su oferta productiva.

El crecimiento depende de poder aumentar la productividad, las exportaciones y la demanda interna en forma armónica para aumentar salarios y crear empleo. Este programa coincide aproximadamente con los de Fajardo, Petro y de la Calle. Lo que hace falta es escoger entre ellos el mejor calificado para ejecutarlo exitosamente. Eso es lo que está en juego, y no se le va a entregar el país a nadie.

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