Pobre Cartagena

Junio 02, 2013 - 12:00 a.m. Por: Rudolf Hommes

Tan mala es la suerte de Cartagena que después de la muerte de Campo Elias Terán el panorama electoral no puede ser peor. Hay cuatro candidatos: uno del Polo, una de la Gata, un tercero que podría recibir el respaldo de los políticos que tradicionalmente han mandado en la ciudad pero que no ha hecho nada para acercárseles, y un cuarto candidato del establecimiento que tiene buenas intenciones, parece serio y sería posiblemente una buena opción, pero no es carismático y ha cometido el error de pelearse con los políticos antes de ser elegido. En esas condiciones, un desenlace posible es que gane el candidato de izquierda como sucedió en Bogotá, porque los otros tres se dividen los votos de la mayoría. Pero a lo que le están apostando los que saben y los que mandan en Cartagena es que la alcaldía se la van a ganar la Gata y lo peor del sector político de la ciudad, con la complicidad de ciertos partidos políticos nacionales que sin figurar apoyan a la candidata a la que no le pudieron dar su aval. La clase empresarial y la dirigencia local tratan de no intervenir por el riesgo de que el que gane les bloquee sus proyectos. No se imaginan que Wilson Borja pueda ganar, y ya están resignados a que la alcaldesa sea la que tiene el respaldo político más cuestionado. A Cartagena le espera un Petro de sombrero alón o un Samuel con faldas. Como si lo anterior no fuera suficiente problema, la ciudad corre el peligro de caer en el olvido, como las ciudades ribereñas del Magdalena por donde nadie volvió a pasar. El puerto de Cartagena es hoy en día uno de los principales del Caribe. En el curso pocos años ha crecido vertiginosamente y se ha convertido en el más galardonado por su eficiencia y capacidad de servicio. Figura entre los mejores del mundo y compite ventajosamente con Jamaica y los demás puertos que eran líderes en el Caribe, aun con Panamá, como centro de trasbordo de contenedores. Se esperaba que este año estuviera lista la ampliación del Canal de Panamá para admitir el tránsito de barcos de tamaños muy superiores a los que pasan por ahí (50 a 100 por ciento más grandes). Pero resulta que las obras no han terminado y los barcos post Panamá ya están navegando. Las navieras los están desviando por el Canal del Suez con destino al este de Estados Unidos y ya no pasan por Panamá. A pesar de las distancias, algunas de las líneas quieren seguir utilizando a Cartagena como nodo (‘hub’) de trasbordo. Pero los grandes buques que vienen o van para Suez y descargarían en Cartagena no van a poder entrar a la bahía porque la vía de acceso que pasa por Bocachica no tiene suficiente profundidad y no la están adecuando para barcos de mayor tamaño. Se van a ir a partir de agosto a otros puertos, a Jamaica, a Panamá o a Costa Rica, y no van a volver. ¡Au revoir Cartagena! No podemos ser tan idiotas para dejar que le sucedan estas dos tragedias a la ciudad y al país en un mismo año. 1. El autor es miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Portuaria de Cartagena pero sus opiniones son propias.

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