¿No más crecimiento?

Noviembre 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rudolf Hommes

Hay colegas que se alegran de que en el mundo industrializado se esté regresando al nacionalismo y recurriendo al proteccionismo para satisfacer al electorado. No tienen en cuenta el daño que le ocasionaría al país la marcha atrás o el fin de la globalización. Quizás es posible que inicialmente no se sienta porque no estamos exportando y han caído las importaciones, pero en el futuro tendríamos que acomodarnos a menores tasas de crecimiento que las tradicionales, que ya eran insuficientes para garantizar el eventual ascenso de Colombia a un estadio superior de desarrollo económico. En otras palabras, no existe una razón válida para alegrarnos de que vaya a retroceder el proceso de globalización. Sin un crecimiento significativo de las exportaciones el país no podrá crecer sostenidamente a tasas superiores al 5% anual que son necesarias para salir del nivel de pobreza y de desatención de necesidades básicas en el que nos encontramos. Si no pudimos aumentar exportaciones cuando existían las oportunidades que brindaba la globalización ¿cómo van a crecer sin ellas las exportaciones? En el corto y mediano plazo hay posibilidades de crecimiento en el mercado interno que han surgido por el aumento inusitado de la protección que ha provenido de la devaluación del peso. Algunos sectores industriales han recuperado mercado y el largo período de apertura y sometimiento a la competencia internacional sirvió para que la calidad y los precios de su producción nacional se acerquen a lo que los consumidores exigen. Basta recorrer los pasillos de un almacén Éxito grande para comprobar que esto es cierto por lo menos para el sector de confecciones y otros productos nacionales. Pero la verdad es que la industria nacional no está creciendo adecuadamente a menos que se tenga en cuenta la producción de la refinería de Cartagena que es una estrella exportadora y un caso aislado. En el campo hay oportunidades de crecimiento en las nuevas condiciones del comercio mundial. Es posible sustituir buena parte de la importación de cereales, especialmente las de soya y maíz que se pueden producir comercialmente aquí con un nivel de protección moderado y hay grandes oportunidades de exportar estos y otros productos. Pero si no arranca la paz eso no va a pasar de ser una ilusión, como ha sucedido desde hace diez años. El daño que le está haciendo a la economía del futuro y a la tranquilidad nacional el tire y afloje al que nos han sometido los que tienen detenida la paz no solamente se va a medir en miles de muertos sino en millones de oportunidades y empleos perdidos. Algo más que también tiene que ver con la paz y que se debe tener en cuenta como complemento de la preocupación por el crecimiento es que la democracia está en aprietos en Europa porque nunca se le prestó la atención debida a los que fueron marginados por el progreso ni asistencia para que conservaran su productividad, su dignidad y su autoestima. En esta etapa de decisiones fundamentales que atravesamos en la que estamos escogiendo futuro es crucial entender que no podemos dejar atrás una larga estela de descontentos que cualquier populista puede aprovechar. “Ni siquiera el futuro va a ser como era antes” dice The Economist.

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