Los costos del despotismo y la arbitrariedad

Noviembre 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rudolf Hommes

El último número de la revista The Economist trae una reseña del libro Tombstone del periodista chino Yang Jisheng que describe la fatal hambruna que causó el famoso “gran salto adelante”. Este fue un rotundo fracaso y provocó la muerte de cerca de 40 millones de personas, canibalismo y violencia sin precedentes en el sector rural chino y un enorme esfuerzo estatal y del Partido Comunista para esconder sus resultados y hacer aparecer la información que se filtraba como propaganda imperialista. El comunismo continúa mandando en China. Sigue controlando y manipulando la información, pero la verdad ha surgido más fácilmente que en el pasado y ahora se conocen los detalles de ese funesto período de la historia, gracias al libro reseñado y a otros (por ejemplo Frank Dikkoter, Mao´s Great Famine, The History of China´s Most Devastating Catastrophe 1958-1962). Estos libros ofrecen una reflexión sobre el estilo de gobierno y de liderazgo que hace posible que se tomen decisiones tan equivocadas sin que intervenga el buen juicio de otros. Como en el caso de la gran hambruna que incitó Stalin en Rusia o la destrucción de Alemania que provocó Hitler, los sistemas de gobierno que permiten que una sola persona rodeada de lagartos y de aduladores imponga su voluntad, su ideología y su incompetencia sin que nadie chiste están condenados al fracaso por ausencia de controles y balances. La hambruna inducida por el gran salto adelante fue el resultado de un sistema de gobierno basado en falsos positivos. Hubo fallas en la concepción original del gran salto adelante que se reflejaron en el establecimiento de metas irrealistas. Confrontados con estas metas de producción y de exportación, los mandos medios les impusieron cuotas excesivas a los productores, quitándoles la comida y las semillas para la próxima cosecha, y privándolos de medios de subsistencia. Mientras se continuaba exportando comida a Rusia y los altos mandos del partido continuaban recibiendo informes de cumplimiento de metas, regodeándose por ello (y consumiendo más), en las regiones productoras se quedaban sin comida. El sistema no podía corregir los errores por no existir mecanismos de retroalimentación ya que quienes se quejaban eran acusados de ser enemigos y cruelmente castigados. Mao también destruyó la cultura de producción existente, motivando a los campesinos a abandonar su cultivos para que se dedicaran a sistemas artesanales de producción de acero que fracasaron, Pasaron a depender del estado para su alimentación, pero quedaron en el nivel más bajo de la jerarquía de acceso a la comida oficial, a merced de los cuadros que les quitaban la comida. Visto de esta manera, era inevitable que el sistema colapsara como lo hizo. Mao reconoció sus errores a medias pero un tiempo después los repitió y magnificó cuando emprendió la Revolución Cultural que casi acaba a China. ¿Por qué traigo todo esto a cuenta? Porque Petro ha demostrado que desea imponer ese estilo de gobierno hasta donde lo deje la ley y lo permitamos. Se ha rodeado de personas que no son capaces de decirle que no, o piensan que es la gran esperanza de la izquierda para llegar a la presidencia con los votos de los pobres. Lo apoyan sin cuestionamientos, toleran su populismo y las estupideces que concibe sin prestarle atención a las consecuencias. La revisión del gran salto adelante es un recordatorio de que esa manera de gobernar conduce a la destrucción y que hay mucha gente inexplicablemente capaz de entregarle su capacidad crítica y su misma humanidad a personas que los conducen al abismo por razones ideológicas, por falta de experiencia o por ambas razones.

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