La paz urbana

Julio 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rudolf Hommes

La semana pasada, en esta misma sección se analizaron las implicaciones de no tener una idea clara de lo que significa la paz para la ciudadanía a nivel urbano y la sospecha que tenían líderes comunitarios de los barrios populares de que esa falta de información podría incidir sobre la decisión de no salir a votar el día del plebiscito o la consulta popular. El gobierno y los amigos de la paz, empresarios, trabajadores, periodistas, funcionarios municipales y alcaldes que están a favor de los acuerdos de lLa Habana deberían interesarse por esta situación y organizarse para estimular y asistir a las comunidades en formular visiones de paz local y mecanismos para hacerlas realidad. También se dijo en ese artículo que hay una gran actividad de la sociedad civil en los barrios populares y que el vehículo natural para promover la paz pueden ser las instituciones comunitarias que operan exitosamente en muchas localidades. Una de ellas, de Ciudad Bolívar, en Bogotá, ha realizado una encuesta informal con habitantes de barrio sobre lo que esperan de un país en paz y reporta los siguientes resultados quizás en orden de importancia: “Empleo y estabilidad en el mismo, arreglo de las vías porque incide en el transporte público, seguridad y generación de empleos, sistema de financiación para los tenderos y pequeños talleres de ebanistería, ornamentación entre otros, mejoramiento de vivienda, educación superior con asistencia alimentaria y transporte, aumento del bono para el adulto mayor que no tiene ningún apoyo de familia o pensión, y ampliar los servicios sociales a los discapacitados y niños con necesidades especiales. Llama la atención que estos son pedidos que normalmente y con mucha frecuencia les hacen las comunidades a los gobiernos municipales y que ellos no han proporcionado adecuadamente. Ahora, en la puerta del posconflicto, los alcaldes tendrán que desempeñar un papel protagónico en la construcción de un Estado eficiente y justo que le llegue a la gente.Los encuestados en Ciudad Bolívar no desean estremecer el orden establecido. No protestan por la concentración del poder y el control de los medios de comunicación por el capital financiero. No les preocupa si ‘Iván Márquez’ o ‘Timochenko’ van a quedar en la cárcel o en el Senado. Víctimas que son o han sido de organizaciones armadas por fuera de la ley, paramilitares, mafia o guerrilla, tampoco están preocupados con la dejación de armas; o con temas como la concentración del ingreso o la igualdad de acceso a las oportunidades y a los servicios del Estado que los afectan directamente pero que son abstractos. Simplemente esperan que con la paz mejoren los servicios del Estado. Eso resume todo lo demás. Si un Estado es capaz de proveer empleo, educación, salud, seguridad social y servicios para los más débiles y para los menos capacitados se habrá dado un paso enorme en renovación política y para reducir las brechas de oportunidad. A uno de los líderes comunitarios le preguntaron cómo enseñarle a la gente en un país en paz a pensar un poco más allá en igualdad de oportunidades, acceso etc. Su respuesta fue: “Creo que es necesario partir de esas necesidades sentidas a diario por la comunidad”.

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