La paz no es sólo un buen negocio

Marzo 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Rudolf Hommes

En una columna reciente decía que la paz va a traer consigo enormes beneficios, pero que hay que estar preparados para asumir lo que va a exigir el proceso. Posiblemente el mayor desafío va a ser la inevitable reforma del sistema político. El imperante, en el que los partidos son débiles asociaciones de emprendedores que se hacen elegir con dinero extraído de contratistas y personas a los que han favorecido o van a favorecer, es corrupto y utiliza los recursos del Estado en forma muy improductiva. Su horizonte de planeación no trasciende las próximas elecciones y carece de ideales o de propósitos distintos a los de los individuos que lo integran. El Partido Liberal no puede apoyar abiertamente las banderas populares que tradicionalmente defendió, ni puede liderar una campaña de limpieza del sistema político. Si lo intentara perdería el apoyo de los terratenientes, de los parapolíticos, y de los clientelistas que figuran como liberales y agencian sus votos. El Partido Conservador es aún más clientelista y carente de misión. Muchos de sus miembros quisieran adherir al movimiento liderado por Uribe, pero siguen en el gobierno mientras les mantenga fichas en la administración y contratos para los suyos. La U es esencialmente una alianza para el progreso de sus miembros. Si se destrona a un grupo de políticos porque se revelan sus procedimientos o se destapa una olla podrida, el grupo que viene a llenar el vacío que deja libre el que cae en desgracia resulta peor. Hay casos en los se castiga a los que se asocian con criminales para abrirles campo a los criminales directamente.Con este sistema político va a ser imposible asumir las responsabilidades que impone un proceso de paz y la reducción de la violencia y de la criminalidad que requieren un gobierno capaz de ejecutar y de cumplir propósitos de estado. Esto no lo puede hacer si está apoyado en una agremiación de intereses individuales dispares y frecuentemente opuestos a los de la comunidad. Por ejemplo, en desarrollo de lo que se acuerde en La Habana va a ser necesario hacer una transformación radical del sector agropecuario. El profesor Albert Berry, corroborando lo expuesto en varias columnas publicadas aquí y en El Tiempo referentes a la mayor productividad de la tierra de los pequeños productores agrícolas, propone un “timonazo” a favor de la pequeña agricultura familiar (El Tiempo, marzo 13 de 2013, p.22). Se requiere que el Estado a nivel central y local se haga responsable del acceso de los campesinos a tierras productivas, a crédito, asistencia técnica, capacitación, protección, tecnología y comercialización, canalizando para ello recursos de la bonanza minero energética. Esto fracasa si en cada etapa de la cadena de servicios se para un político o un criminal a cobrar peaje.

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