Industrialización: otra cara del problema

Industrialización: otra cara del problema

Marzo 31, 2014 - 12:00 a.m. Por: Rudolf Hommes

El problema de la industrialización, y en general del desarrollo, se aborda generalmente desde un punto de vista económico, pero no desde el punto de vista del medio en el que ocurre o no ocurre dicha industrialización y dicho desarrollo. Se asume el papel del Estado como algo que no tiene que ver con política o con la estructura de poder ni la capacidad del gobierno de actuar con libertad. No se tienen en cuenta las relaciones entre este y las elites, o la estructura de las elites. Rara vez se analiza cual es el trato que reciben las clases populares del estado o de las elites, y el papel que juegan en los procesos. Recientemente Acemoglu y Robinson se han referido a esto y han acuñado un nuevo concepto, el de las elites extractivas que operan un sistema de captura de rentas que les permite extraerlas en beneficio propio, sin crear riqueza ni producir bienestar (Por qué fracasan los países, editorial Deusto). Ellos sostienen que cuando este tipo de elites son las predominantes, la probabilidad de que el país fracase es mayor. Mancour Olson, antes de ellos, se había referido al papel de los sindicatos o de los grupos de presión en el desarrollo. Estos grupos patrocinan cabilderos que buscan extraer beneficios del estado para sus agremiados. Se organizan para extraer rentas de la sociedad para su propio beneficio. Como el costo de sus acciones se distribuye ampliamente entre el resto de la población, los afectados no tienen incentivos para organizarse y para defenderse. A medida que estas agremiaciones se multiplican le crean cargas gigantes a la nación que impiden el desarrollo y pueden causar el retroceso de la economía y descenso del país. El artículo de Jorge Orlando Melo sobre la corrupción útil en El Tiempo la semana pasada me hizo pensar en estos autores y en la naturaleza depredadora de la clase política colombiana que no puede sobrevivir sin apropiarse de parte de la “mermelada’ que recibe del gobierno, o toda ella, para hacerse elegir. Se trata de un ejemplo clásico de élite extractiva, que es un obstáculo permanente y formidable para el desarrollo del país. Y no es la única. Los paros se organizan para extraer rentas. Por obra de grupos de presión, la estructura arancelaria colombiana es una ruina. Ha sido perturbada por la incesante presión de los cabilderos que representan sectores como el de siderurgia que están sobre protegidos. Los productores de bienes de capital y de metal mecánica tienen que luchar para competir con protecciones negativas. A algunos de ellos les “sale más barato traer el producto final que la materia prima”. En Colombia protegemos a los importadores de llantas del Japón porque se le impuso un sobre arancel a las que provienen de la China que son más baratas. Al concluir su artículo, Melo es escéptico de que podamos reducir “a sus justas proporciones” la corrupción en Colombia. Pero si no lo hacemos, especialmente en lo que se refiere al clientelismo y al capitalismo rosquero que se especializa en extraerle rentas a la sociedad usando a sus amigos en el gobierno (‘crony capitalism’), vamos a seguir estancados sin resolver el problema de ‘desindustrilizacaion’ y patinando en un mismo sitio.

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