Arranca otro año de Santos

Arranca otro año de Santos

Enero 16, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rudolf Hommes

La economía parece marchar muy bien. Cayó el desempleo por debajo del 10%. La inversión extranjera superó US$15.000 millones y las exportaciones más de US$50.000 millones. El consumo subió en diciembre, indicando que no sólo existe confianza inversionista sino que también hay confianza del consumidor. Fue una alegría oír esta semana al Ministro de Agricultura anunciarle a Yamid Amad en CMI que por fin le van a dar buen uso a la tierra que se les quitó a los narcos, que es de la mejor, y que se va a repartir entre campesinos, respaldando esta acción con programas de extensión agropecuaria, crédito, asistencia (y ojalá seguridad), después de años de predicar en el desierto y de anhelar que algún gobierno liberal emprendiera algún reforma agraria. Le tocó hacer este anuncio precisamente a un ministro conservador y lo que dijo contrasta con lo que se oye dentro de su partido, en contra de que el gobierno les titule tierra de buen calidad a los campesinos y a los desplazados. Queda la duda de cómo se va a proteger a los favorecidos por el programa de tierras y ya el secretariado de las Farc está augurando el fracaso del programa por esta razón. La realidad es que el manejo de seguridad lo deja a uno bastante incierto, con el ‘corazón partío’ entre gobiernista por los logros alcanzados en otros frentes y cauteloso por el poco avance en el control territorial. El año pasado, cuando mataron a los dos jóvenes de la Universidad de los Andes en la Costa Atlántica, se hizo inocultable lo que todos sabían en la región. Una buena parte de ella no la maneja el Estado sino las bandas criminales (igual que en el Pacífico). El asesinato produjo consternación en Bogotá, promovió algunas medidas puntuales de la Policía y las autoridades, pero nada cambiaron y los intentos que se hicieron en algunos gremios económicos para motivarlos a presionar al gobierno a hacer algo fueron respondidos con indiferencia o con el temor de desprestigiar la política de seguridad democrática y crearle mala prensa a Colombia. No se volvió a tratar el tema hasta la semana pasada cuando los criminales pararon las actividades económicas en sus territorios y desafiaron abiertamente al gobierno. Esto debería haber prendido todas las alarmas. Sí promovió alguna actividad oficial pero no toda la necesaria. El Presidente anunció recompensas por las cabezas de las bandas. El director de la Policía lo acompañó, vestido de carabinero, y hubo declaraciones contradictorias de varios ministros y de uno de los jóvenes patricios que se ocupan del tema en Palacio. Pero ya parece haberse olvidado el asunto otra vez, lo que sucede desde hace tiempo, según informa Gustavo Gallón en El Espectador. ¿Qué será lo que hace que algo de tan trascendental importancia desaparezca rápidamente del foco de atención del gobierno y de los medios? Sería bueno que uno de los expertos de seguridad de la Presidencia, el fotogénico Ministro de Defensa, o el general Valencia Tovar explicara a que estrategia de seguridad corresponde dejar en manos de criminales no solamente vastas zonas de Colombia sino los principales corredores de tráfico ilegal de armas y de droga y por que permite el ejército que se diga que este aspecto de seguridad nacional que parece vital no le corresponde. Quizás alguien también se anima a explicar por qué dejaron sueltos a dos centenares de criminales que se entregaron y hay que esperar a una reforma constitucional para poderlos capturar.

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