Una cosa es una cosa

Junio 09, 2017 - 11:35 p.m. Por: Ricardo Villaveces

“… y otra cosa, es otra cosa”. Es un dicho que resulta apropiado en un caso que ha ocupado los titulares desde hace varios meses y que exacerba los sentimientos de los colombianos cuando se habla de corrupción. Hablo de Reficar, que se ha convertido en un caso emblemático y su nombre termina siempre asociado con chanchullos, falta de vigilancia y negocios turbios. Sobre esto hay investigaciones en curso, pleitos, arbitramentos y procesos disciplinarios que ojalá eviten detrimentos al patrimonio de la Nación y, al fin de cuentas, a todos los colombianos.

Eso es lo relacionado con los aspectos financieros del proyecto. Lo que no puede confundirse es con lo que es hoy la Refinería de Cartagena y con lo que significa para el país. Tuve el privilegio de conocerla en días pasados en una visita detallada con los responsables de su operación y no puede uno menos que asombrarse por las dimensiones del proyecto, por el profesionalismo de quienes la operan, por las oportunidades que abre a la industria del petróleo y por el impacto que un proyecto de estas dimensiones puede traer al país.

De una parte duplica la capacidad de procesamiento que tenía la antigua refinería, pero más importante es que tiene unas características de flexibilidad en el uso de la materia prima que se ajusta muy bien a las condiciones del país, y con la que no se contaba en el pasado. Dada la heterogeneidad de los crudos disponibles y la importancia que tienen los llamados crudos pesados una de las grandes ventajas de este complejo es que puede formular la mezcla de crudos de diferentes viscosidades, a la medida de las disponibilidades y a la medida de los mercados y esto representa un gran avance. De otra parte, la canasta de productos finales es mucho más amplia y diversificada no sólo en términos de productos sino de mercados. Esta refinería puede producir: gasolina corriente y extra, Diesel o Acpm, combustibles para aviones (Jet A-1), Combustóleo o Fuel Oil, nafta virgen y nafta de alto octano, Arotar ( también llamado negro de humo usado en la fabricación de llantas), propileno, coque, azufre y gas licuado (GPL).

De otro lado se trata de un complejo con tecnología de punta, completamente automatizado que permite recorrer sus cerca de 200 hectáreas y observar el cumplimiento de estrictas normas de calidad, seguridad y manejo ambiental y cuando se visita el centro de control se siente uno en un película sobre la Nasa donde se puede apreciar el control y la seguridad con que se maneja un proyecto de esas dimensiones. Y es que sólo pensar que hay 31 instalaciones diferentes en ese espacio, que utilizaron en su construcción 181.000 m3 de concreto, 45.000 toneladas de acero, 700 km de tubería, 4.500 km de cable y 45.000 instrumentos da una idea de las dimensiones del mismo.

Lo que se requiere ahora es aprovechar al máximo el potencial de ese complejo y sentirse orgullosos de que el país pueda contar con una refinería de esas características y no confundir ‘una cosa con otra cosa’.

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