Tiempos turbulentos

Julio 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

El fin de la Segunda Guerra Mundial trajo un espíritu renovador que llevó a Occidente a pensar que por la vía del multilateralismo era posible encontrar caminos de prosperidad. Bretton Woods, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y, por el otro lado, instituciones como la Comunidad del Hierro y el Acero en Europa, antecedente de la Unión Europea de hoy, construyeron un marco para la multilateralidad. Las Naciones Unidas adquirieron un papel preponderante y sus derivaciones han marcado mucho de la historia de las relaciones internacionales de las últimas décadas. La Unctad, la Unesco, la FAO, la OMC, etc, etc, se convirtieron en la esperanza de las naciones para encontrar puntos de convergencia y fórmulas de convivencia. Las experiencias a nivel global dieron origen, por su parte, a esquemas regionales como la OEA, Comunidad Andina, la Apec, Mercosur e infinidad de siglas que pretenden reflejar avances frente a las múltiples diferencias existentes entre países, etnias y religiones.Desafortunadamente qué lejos han estado estas entidades de las expectativas que crearon y qué cantidad de frustraciones han dejado. Lamentablemente, en muchos casos, lo que se crearon fueron grandes burocracias que convirtieron al multilateralismo en una forma de vida que, con frecuencia, dejan de cada reunión internacional como resultado concreto solo la fecha de la siguiente reunión para seguir justificando la permanencia de miles y miles de funcionarios que, a paso de tortuga, discuten y discuten en reuniones de toda índole sin llegar a resultados concretos. Esa cultura se está reflejando aún frente a problemas tan evidentes como el del Cambio Climático, como se vio en Río + 20, y, más preocupante aún, en el caso de la Unión Europea, cuyas autoridades se resisten a aceptar la gravedad de la situación y dan origen a situaciones cada vez más preocupantes para la salud de la economía mundial.Es mejor, entonces, prepararse para el peor escenario y actuar en consecuencia pues el país no va a salir indemne de esta locura colectiva. Colombia, afortunadamente, tiene margen de maniobra. En primer lugar, tiene un sector financiero muy sólido que es por donde se agudizan todas las crisis. Por el otro lado, tiene amplio margen para el gasto público en temas que son prioritarios como es el caso de la infraestructura y, adicionalmente, tiene espacio para adoptar medidas en relación con tasas de interés y situación cambiaria. En relación con este último aspecto se había venido construyendo una argumentación de que la revaluación era un problema generalizado al que había que resignarse. Pues bien, el ejemplo de Brasil está mostrando que cuando se quiere se puede y una moneda más competitiva puede ayudar mucho a contrarrestar las presiones recesivas. De otra parte, como se ha venido repitiendo, la tarea inmediata del Gobierno es ejecución y más ejecución. No se comprende, por ejemplo, que el tema de las regalías esté, a estas alturas, lejos de convertirse en realidad. En fin, los tiempos son turbulentos pero hay margen para la acción y Colombia tiene mejores condiciones para enfrentar la tormenta. Ese es el reto para estos tiempos.

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