Qué lío

Qué lío

Marzo 12, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

Qué lío en el que andan metidos los Estados Unidos con el caso de Libia. Pocas personas tienen dudas sobre los atropellos de Gadafi a su pueblo y sobre los problemas que puede traer la ola reformista y revolucionaria que vive esa parte del mundo si otros gobernantes escogen la confrontación armada como alternativa para aferrarse al poder. Los vientos democráticos que soplan por esos lados podrían verse completamente frustrados por reacciones similares a las que estamos viendo en Libia. El tema es complejo y son muchas las preguntas que surgen sobre lo que está ocurriendo en esa parte del mundo. ¿Será viable un modelo democrático en países ajenos históricamente a esta forma de gobierno? Quién sabe. Tampoco es claro que papel pueden llegar a jugar los grupos fundamentalistas, o si vamos hacia otras manifestaciones del llamado “choque de las civilizaciones” del que habla Huntington. En fin, falta mucho conocimiento sobre esas culturas y sobre esas sociedades para opinar sobre lo que está ocurriendo y sobre lo que puede ocurrir.Menos difícil es entender la encrucijada en que andan metidos los países occidentales y, en particular, los Estados Unidos. Sin duda la reacción más evidente sería la de pensar que se requiere una intervención militar de la Otan para neutralizar a Gadafi y proteger a los miles de libios que se oponen a su régimen. Sin embargo, ya se sabe que es casi imposible que ese grupo de países tomen posiciones conjuntas en temas tan sensibles como éste. No es sino recordar los casos de Irak y Afganistán para comprender las complejidades de construir consensos cuando son tantos y tan variados los intereses en juego. Y también vale la pena recordar lo ocurrido en los Balcanes, por sólo mencionar otro caso, donde se cometieron todo tipo de atrocidades mientras las llamadas potencias discutían y discutían sin llegar a ninguna parte. En el entretanto, la barbarie llegó a niveles análogos a los del nazismo sin que los líderes del mundo se inmutaran.En Libia los Estados Unidos movieron sus barcos hacia esa zona para “mostrar los dientes”, pero, en la práctica, es inmensa la dificultad que tiene Obama para ordenar una intervención militar. Después de haber prometido que sacaría al país de las guerras en las que lo dejó embarcado Bush sería muy difícil llevar a su nación a una nueva guerra. No sólo por las muy complejas consecuencias internas cuando ha perdido poder en el Congreso y enfrenta muy bajos índices de popularidad, sino porque una intervención norteamericana puede generar solidaridades insospechadas en el mundo árabe y llegar a desestabilizar en materia grave a la región. Ojalá esta situación sirviera para que la dirigencia norteamericana reflexionara sobre las consecuencias de relacionarse de manera equívoca con los demás países. Apoyar a los que pueden ser sus enemigos, fomentar los gobiernos ilegítimos etc. lleva a este tipo de resultados. A su vez, con aquellos países que definitivamente han estado a su lado deben tratarlos como aliados y no con la displicencia y maltrato que, por ejemplo, están dando a Colombia.

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