Parafiscalidad

Abril 28, 2017 - 11:55 p.m. Por: Ricardo Villaveces

Mucho se habla del potencial del agro y la necesidad de su desarrollo, y son muchas las explicaciones de su retraso en las últimas décadas. Asuntos como las rentabilidades relativas que favorecían de manera muy desigual al agro frente a los mercados financieros en los años 70 y 80, retrasaron la inversión en el campo en frentes como el de la maquinaria, el riego o la infraestructura de post cosecha y almacenamiento. Luego la apertura económica de los 90 que llevó a la desaparición de cultivos como el trigo y la cebada, o a la muy fuerte reducción de otros como el algodón, la soya y el sorgo, ponen de presente los grandes desafíos que tiene este sector para su resurgimiento.

Si se mira en retrospectiva, sin embargo, hay factores particulares que han contribuido de manera muy relevante a no poder superar desafíos como los mencionados: en primer lugar, la existencia del conflicto. También los problemas en la comercialización, la falta de investigación y las deficiencias en la infraestructura de transporte. Fueron muchos los campesinos desplazados y, de otra parte, los empresarios amenazados, secuestrados y boleteados que tuvieron que manejar sus fincas por radioteléfono hasta reducir las inversiones al mínimo necesario. Y bien se conocen las historias de cómo resulta más barato traer productos de lejanos países que transportarlos de las zonas de producción a los puertos colombianos por cuenta de la deficiente infraestructura vial que nos ha caracterizado.

Pues bien, la desactivación del conflicto es un hecho y así lo testimonian campesinos y empresarios que están haciendo presencia de nuevo en sus predios. La situación dista de ser perfecta pero va progresando de manera significativa. De otra parte, Colombia está experimentando una gran transformación en materia de infraestructura vial no sólo por cuenta de las 4G, sino de los cientos de obras que se vienen adelantando, tanto a nivel nacional como departamental y municipal.

Desde este punto de vista, tareas muy importantes para el agro son la investigación, la asistencia técnica y la comercialización. En ambos casos la figura de la parafiscalidad, que nació con el café en los años 40, del siglo pasado y con adaptaciones, se ha replicado y es un activo del cual el país no puede prescindir. Sería muy largo hablar de cada fondo y sus posibilidades, y tampoco se trata de defender el mal manejo que se les ha dado en algunos casos, pero mal se haría en ‘vender el sofá’.

En algunos casos pueden requerirse ajustes pero sobre todo hay que aprovechar el potencial que tienen para promover la investigación o beneficiar a todos los productores de un sector en la comercialización, como ocurre en los sectores que han orientado sus fondos en tal dirección.

Hay que mejorar los sistemas de recaudo y exigir transparencia en su manejo replicando las mejores prácticas. A los fondos les han surgido muchos enemigos y los productores y los gobiernos de turno tienen la obligación de defenderlos y mejorarlos. De otra forma se incurriría en un alto costo institucional y en retrasos adicionales en el desarrollo rural.

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