No hay mal que por bien no venga

No hay mal que por bien no venga

Febrero 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

Difícil de entender que la cumbre para lanzar la Alianza del Pacífico se haya llevado no solo en el Atlántico, sino en una de las más caribeñas ciudades de Colombia, como es nuestra querida Cartagena. Sin duda esto ha causado malestar en algunos y sorna y chistes flojos por parte de otros. A nadie debería extrañar estas reacciones pues sería de sentido común que tan importante y significativo evento se hubiera realizado en una ciudad de nuestro Pacífico, de ese Pacífico con el que deberíamos estar pensando en conquistar los mercados del sudeste asiático y los gigantes como China, Japón y Corea. Pues bien, para nadie es un secreto que aspirar a algo así hoy no es nada diferente a una utopía pues Colombia ha estado de espaldas al Pacífico desde siempre. No tenemos ciudades y mucho menos puertos que permitan el desarrollo que ya se debería estar produciendo por cuenta de esta privilegiada situación geográfica. Quizás ni en las clases de geografía en los colegios (clases que ya no son se geografía) se hable de ese gran atributo del que, al menos en el discurso, nos enorgullecíamos al hablar del privilegio de tener costas en los dos océanos. Buenaventura, que es “la ciudad de mostrar”, aunque algo ha mejorado debería ser, por su abandono, motivo de vergüenza para los vallecaucanos, en primer lugar, pero no menos trascendente para todo el país por la importancia que debería tener para la Nación. Infortunadamente se ha visto a Cali como la ciudad portuaria y a Buenaventura como el muelle. Lamentablemente esto tampoco es cierto pues para Cali y para los caleños el puerto es una “dimensión desconocida” y se podría apostar a que solo una ínfima minoría de caleños y vallecaucanos conocen a Buenaventura y, menos aún, se preocupan por ella. Las demás ciudades costeras como Tumaco y Guapi pueden ser hoy solo un ejemplo dramático de subdesarrollo. En el occidente el tema de los puertos sobre el Pacífico solo aparece cuando se habla de la preocupación de que sean los paisas los que finalmente construyan el puerto que Colombia requiere, pero Antioquia también se queda en el discurso.La parte positiva, entonces, de esta paradoja de lanzar la Alianza por el Pacífico en el Caribe es que, ojalá, esta situación haya contribuido a poner más en evidencia el abandono de tan importante región del país y, quizás, motive a gobernantes y políticos, así como a empresarios, a mirar con otros ojos lo que debería ser tan importante y a reflexionar sobre el tiempo precioso que se está perdiendo. De tumbo en tumbo finalmente parece que la doble calzada a Buenaventura puede ver la luz algún día y algunos empresarios como los de TCbuen y Agua Dulce invierten en la infraestructura portuaria. Al menos es un comienzo. La Fundación Carvajal, por su parte, ha comenzado a trabajar para ayudar en la búsqueda de soluciones sociales en zonas críticas pero el trabajo por hacer es inmenso y la necesidad de recursos y de presencia del Estado determinante.ricavip@gmail.com

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