No da más espera

Febrero 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

Sería ideal que los problemas se anticiparan y el país actuara con un enfoque más preventivo que curativo. Infortunadamente hay situaciones a las que nos acostumbramos a pesar de su inconveniencia y se convive con ellas por largo tiempo creando a futuro grandes riesgos. Un ejemplo de ello es el caso del transporte aéreo en Colombia. Un país sin infraestructura vial y con una topografía tan compleja requiere de un buen sistema de transporte aéreo como lo puede concluir cualquiera que mire nuestra situación. Mucho más urgente resulta esto cuando por distintas razones el poder adquisitivo crece, las tarifas bajan y los problemas climáticos hacen más difícil y costosa la opción terrestre.Acabamos con las alternativas fluvial y férrea y las muy precarias carreteras no sólo siguen trazados y enfoques propios de la ingeniería y tecnología de los años 30 y 40 sino que perdimos dos cuatrienios con el inefable Andrés Uriel. Como si fuera poco, la “maldita Niña” como la llama el Presidente nos retrocedió aún mucho más, pues son cientos y cientos los kilómetros de vía y puentes que quedaron destruidos por cuenta de la ola invernal. Para muchos de los usuarios, entonces, la opción más realista y urgente es, pues, la de la vía aérea.Esto no debería ser sorpresa para nadie, pues aún con los supuestos más conservadores la movilización de los colombianos iba a crecer de manera importante. Lo que ocurrió, sin embargo, es que el transporte aéreo explotó y no sólo el número de pasajeros nacionales creció de una manera impresionante, sino que por cuenta del progreso económico y de las mejoras en seguridad el número de extranjeros se disparó también en forma muy apreciable. Y, además, el tráfico de carga ha tenido un muy importante desarrollo al punto tal que El Dorado es el segundo aeropuerto en movilización de carga del continente.Frente a este escenario sobra decir que la infraestructura aeroportuaria debería ser una prioridad. A “los trancazos” algo se está haciendo en varios aeropuertos y en el caso de El Dorado, si bien parece que la primera etapa se va a quedar pequeña al poco tiempo de su inauguración, al menos ya se está pensando en las nuevas ampliaciones que se requerirán. Estas mejoras son urgentes, pues cualquier viajero por estos días ha podido apreciar que los aeropuertos están a punto de colapsar por cuenta del crecimiento en el tráfico. Estos aspectos pueden tener algún manejo a pesar de las incomodidades que sufran los pasajeros. Lo que, en cambio, no da espera y requiere fortalecimiento inmediato es todo lo que tiene que ver con los sistemas de navegación y con los controladores. Colombia requiere con urgencia la infraestructura tanto técnica como humana necesaria, pues esto no se puede improvisar y es la base del funcionamiento del sistema. Pero, además, porque está de por medio el tema de la seguridad. La solución es cuestión de decisiones sin dilación. Aterra pensar que la locura de los pasillos y salas se esté replicando en las torres de control. Este tema debe ser una prioridad nacional.

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