Mirar al campo

Diciembre 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ricardo Villaveces

Falta mucho para saber si las conversaciones con la guerrilla pueden concluir en algo concreto y positivo para el país pero, al menos, están dejando un primer resultado que va en la dirección correcta. Tiene que ver esto con la atención que empieza a tomar el sector rural en el imaginario de quienes toman las decisiones en el país. No debería ser sorpresa que en el Acuerdo de Oslo lo que han llamado la Política Agraria de Desarrollo Integral sea el único tema incluido con un carácter que trasciende el conflicto y que refleja lo que todos, quienes tienen alguna cercanía al campo, perciben con claridad y es el gran abandono del que ha sido objeto por décadas el sector rural colombiano.No quiere decir esto que se deba justificar la violencia por cuenta de lo que han llamado ‘los factores objetivos’, pues sobran los ejemplos de situaciones análogas que han encontrado soluciones sin tener que acudir a la violencia. Pero no es menos cierto que el abandono del Estado y el desconocimiento por parte de la Colombia urbana de los problemas del campo dan lugar a que el campo se convierta en ‘caldo de cultivo’ para que los oportunistas de todo tipo aprovechen la situación para intimidar o despertar simpatías entre grupos de gente buena a quien nadie más está mirando.Ojalá el país tome más conciencia sobre la necesidad de poner en marcha una agenda de desarrollo del sector rural que, con negociaciones o sin ellas, permita que el Estado y los colombianos en general miren al campo y le otorguen en las políticas y en la asignación de recursos la prioridad que requiere.Preocupa sí que los foros y espacios de discusión se queden en la visión un tanto arcaica del agro y concentren sus energías en planteamientos de los años sesenta. Claro que temas como el del acceso a la tierra son importantes y los subsidios en muchos países son una realidad, pero al agro hay que mirarlo a la luz de las realidades actuales. Temas como el de la infraestructura vial y la conectividad a través de los diferentes medios son hoy elemento esencial del desarrollo. La gestión del riesgo en sus diferentes formas: precios, tasa de cambio, riesgo climático, etc., deberían ser un tema de gran relevancia para avanzar, por ejemplo, en el tema de los seguros de cosecha vieja aspiración todavía muy lejana para el campo.La construcción de bienes públicos como la investigación y el acceso a la educación y la capacitación son elementos esenciales y, de otra parte, lograr la renovación generacional se vuelve un reto prioritario para un hombre del campo que, en su gran mayoría, ve con angustia la dificultad del relevo.Es el momento pues para hablar sobre el agro, sobre la ruralidad y para buscar que, en cualquier escenario, el país vuelva a mirarlo y le dé la prioridad que requiere para desarrollar su potencial. Lo importante es que se mire desde la perspectiva del Siglo XXI y no con la óptica de hace 50 años.

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